viernes, 17 de septiembre de 2010

Decorar la oscuridad

(Tema de fondo al escribirlo: You are not alone ~ Final Fantasy IX)
(http://www.youtube.com/watch?v=_4ifq16IoBA)

Sabía que había despertado, pues aunque no quería abrir los ojos podía sentir los tibios rayos de sol. Y aunque aún no movía músculo alguno, podía sentir como el cesped me daba picazón y unas cuantas hormigas caminaban sobre mis piernas y brazos generándome un cosquilleo que me obligó a sonreír.
Sabía que había vuelto del mundo de los sueños pues, aunque aún escuchaba las hojas agitadas por la brisa, volvía a sentir que un vacío se apoderaba de mí al no poder compartir la alegría de estar ahí, simplemente acostado, al no poder transmitir ese sentimiento de paz que buscaba.

¿Cuántas veces había querido hacer ver al resto que las cosas son más simples de lo que parecen? ¿Cuántas veces había deseado la unidad de los mundos de todas las personas para generar una realidad de la cual todos pudieran participar?
No quería las ilusas ideas de un mundo igualitario. Jamás sentí ni una mínima inclinación o atracción a las ideas comunistas. Pero siempre me preguntaba, ¿por qué a la gente le cuesta tanto creer? ¿por qué a la gente le cuesta tanto confiar?

Con los ojos cerrados y mis manos sobre los párpados veía solo oscuridad. Y mis ideas se habían vuelto igualmente oscuras en la desilusión de ver que una y otra vez se desconfiaba de mí. Por una razón que no llegue a comprender una lágrima solitaria escapó de uno de mis ojos y regó el paso. Sabía que su acidez solo quemaría al pasto. Y me llegué a sentir culpable de haberme permitido una lágrima, de haber permitido que alguien saliera perjudicado, aunque solo fuera una planta.

Decidí entonces que lo mejor era abrir los ojos y ver la luz. Pero sin una sombra que pudiera disminuir un poco la intensidad del sol, torpemente los abrí solo para que el negro absoluto se transformara en un blanco absoluto.

Entonces, con los ojos aún abiertos me senté. No podía ver. Una voz me dijo "despertaste al fin". Sin embargo, se sentía distante. "Yo respeto las decisiones de los demás y por ello no podremos hablar más", me dijo. Esa voz, pensaba, me parece cálida y cercana. Pero no podía reconocerla. Le escuché ponerse de pie y caminar alejándose. "Entonces, ¿este es un hasta nunca?" le pregunté sin estar seguro de por qué era importante el resguardar a alguien que acababa de conocer. Pero solo se limitó a responderme en su avance "se verá". Mas, yo seguía cegado por la luz.

Tras un rato comencé una vez más a percibir colores. Pero lo que alcancé a ver se veía rojo. Y aunque cerrara los ojos, la luz a través de mis párpados solo intensificaba la colorada gama. Sentí que mi interior ardía. De pronto sentí que el mundo se quería burlar de mí, como no podía percibir si sus actos eran bien intencionados o no dada mi ceguera, la gente que me veía a su paso solo me apuntaba y decía: ¿qué buscas tanto?. Pero mi única opción dada mi imposibilidad a ver el trasfondo de sus actos, era conseguir todo cuanto pudiera. Agitar mis brazos para ver que me rodeaba, escuchar hasta el último sonido, oler, sentir y recordarlo todo.
La gente me creía loco. Y más de alguno se acercó a decirmelo... y yo solo podía decir "es que no entiendo lo que pasa, no puedo ver".

Cuando al fin recuperé la visión. Ya estaba oscureciendo. Un nuevo día había pasado. Y estaba sentado y solo. No había logrado descubrir quien era la persona junto a mí, pero ya se había marchado. No había logrado descubrir como actuar. Y tampoco sabía más que lo que era para mí algo simple y que para el resto era inexplicable.
Un corto tallo de cesped junto a mí estaba ya marchito, lo corté y desee que creciera uno nuevo. Y así fue. Sin embargo, eso me hizo sentir cansado.

Me recosté una vez más en el cesped y miré las estrellas.
Una a una le fui poniendo nombres, todos aquellos nombres que recorrían y retumbaban en mi cabeza. Y cada vez que mencionaba alguno, una línea enorme de recuerdos invadía mi mente y me decía. "Que bello, ojalá estuviera aquí conmigo viendo las estrellas". Pero por alguna razón, pocos querían recostarse conmigo a verlas... y aunque todos le ponen nombre a las estrellas, hay quienes prefieren callar sus nombres... y entonces mi mente se pierde en un "no lo entiendo". Si todos al mirar el cielo vemos las mismas estrellas... si todos podemos bautizar al mismo cielo... ¿por qué no podemos todos compartir las estrellas? ¿por qué hay gente que quiere guardar solo para sí su resplandor?

Puse mis manos bajo mi cabeza y sin darme cuenta, suspiré. Mis ojos volvieron a lagrimear cuando los cerré.
"Demasiada luz puede cegar tanto como la oscuridad", pensé.
Y entonces me quedé dormido una vez más.

En mis sueños cada estrella tenía su nombre y todos podíamos saber el nombre de todas. Porque así como ellas en conjunto decoran el cielo, la confianza que hay entre nosotros decora nuestra oscuridad...

- - - -

No tengas miedo.
No desconfíes de mi.
Si hago mal es porque no entiendo que lo hago.
Si me haces mal, me siento mal.
Si te alejas, no me lo puedo explicar.
Si callas, debo buscar otra forma de entender.

Mi única intención es decorar la oscuridad...

domingo, 1 de agosto de 2010

Hermano

Aún puedo recordar la risita de mi hermano cuando, tirado en el piso, le observaba haciendo alguno de esos tantos dibujos que me regalaba y aún guardo en mi caja de recuerdos.

Recuerdo la sensación de su mano tomando la mía cuando tenía que salir y él quería acompañarme. El olor de sus cabellos cuando acariciaba su cabeza y las tantas veces que me arrodillé para poder hablarle de frente y decirle que debía quedarse. Sus ojitos llorosos cuando sabía que le iba a dejar. Lo apretado que sentía el pecho cada vez que le dejaba.

Recuerdo la expresión de calma que adquiría cuando durante las noches le acompañaba hasta que se durmiera para protegerle de los monstruos que le acechaban. Su respiración agitada que al despertar de la pesadilla se transformaba en mi nombre.

Recuerdo su expresión de alivio cuando aparecía en el momento justo. Su suave voz diciendome "gracias" y la cálida sensación de sus bracitos rodeandome en un abrazo imposible de replicar.

Recuerdo sus ataques de risa cuando aprendió a llamarme por telefono, escribirme mensajes y a usar el computador para chatear conmigo. Y lo feliz que me sentí de ver que me buscaba por todos esos medios, que me quería.

Recuerdo su energía cuando insistía en que saliera a jugar con él. Cuando no quería jugar con nadie más que su hermano.

Recuerdo su insistencia en que nos metieramos juntos a la ducha. Y su imitada voz de hombre grande al decir que eso "era cosa de solo hombres".

Recuerdo su cariño cuando me despertaba temprano con un desayuno preparado por él: Frutas mal picadas, un café frío y unas tostadas quemadas. Y el sentir su cuerpecito helado cuando con una sonrisa se acostaba junto a mi para ver como gustoso comía lo que me había preparado con tanta dedicación.

Recuerdo las tardes viendo televisión juntos.
Recuerdo nuestras charlas.
Recuerdo sus secretos.
Lo recuerdo...

¿Puede ser?
¿O lo es?

En algún momento lo perdí... no puedo recordar dónde... no puedo recordar quien me lo arrebató... solo sé que lo sigo buscando. Y que si encuentro al culpable la pagará.
¿Dónde estás, hermano? ¿Que han hecho contigo? No importa lo que tenga que hacer o cuanto deba arriesgar mi vida... te encontraré. Volveremos a estar juntos...

Nunca romperé la promesa que te hice, hermano...

"Juntos por siempre..."

sábado, 17 de julio de 2010

Actualizaciones proximas

Mil millones de disculpas mis lectores. No he tenido suficiente tiempo como para hacer mis ociosidades típicas y al mismo tiempo terminar de editar los capitulos del shikai que les debo. Ya tengo 2 capitulos preparados, pero quiero ajustar algunos detalles antes de mostrarlos. Así como también preparo un cambio para el blog y el shikai que cuando ya me encuentre libre de pruebas y examenes pienso avanzar con rapidez.
Gracias por su apoyo y por seguir esta historia y mis textos en general.

Abrazos para ustedes ;)

domingo, 4 de abril de 2010

Amigos

Tantas tardes, bajo esos árboles, dos amigos compartieron minutos de sus vidas juntos. Tantos cielos vieron como juntos llegaban entre risas y se sentaban en el césped para conversar sobre sus vidas, sobre lo que habían hecho el día anterior y planeaban para el siguiente. Para comentar sobre la bella chica con la que siempre coincidían haber visto. Compartir sus almuerzos traídos desde casa o recién comprados en mutuo acuerdo para intercambiarse la mitad y así comer de ambas cosas. Para echarse uno sobre las piernas del otro y mirar las nubes mientras cantaban juntos su última canción favorita o una que ya se había vuelto clásica. Para ayudarse en sus tareas o convertirse en el hombro de llantos del otro. Lugar que existió para observar sus peleas y como cada día que pasaban enojados visitaban el mismo lugar escondidos el uno del otro preguntándose cómo arreglar las cosas. Sentados solos y dejando escapar suspiros de desconsuelo, buscando explicaciones. Para ver como terminaban por toparse y entre lágrimas volvían a abrazarse y pedirse perdón, como se secaban mutuamente los rostros y se acariciaban los cabellos y entre risas recuperaban su amistad. Para jugar a las cartas, leer un libro o simplemente permanecer sentados y en silencio, acompañándose. Para celebrar el cumpleaños de cada uno y disfrutar de un pequeño pastel decorado con una velita que apagaban entre bromas. Para celebrar sus logros y sufrir juntos sus derrotas como si fueran propias. Para en ideas hacer del mundo un lugar mejor, para planificar su próxima salida o la próxima vez que uno iría a la casa del otro. Para dormir un rato lado a lado bajo el la sombra de los árboles o abrigarse juntos cuando había frío. Para aconsejarse y crecer. Reunidos para verse cambiar y crecer. Para alejarse y llorar al tener que decirse adiós. Ese adiós que creían imprescindible y que ambos hacían para estar seguro de lo único que era una tal, una seguridad: Hoy eres mi amigo y te quiero. Me despido de ti cada vez con un abrazo porque no sé si hay un mañana. Por eso volvemos aquí, para ver que ambos somos afortunados de tenernos un día más, para poder hacer todo lo que cada día hacemos. Y si nos peleamos lo haré igual pues no soy capaz de decir “para mañana, mejor” sin saber si tendré esa oportunidad de decir todo lo que significas para mí.

No dejes las cosas para mañana… no sabes si tienes la oportunidad.

Arregla tus conflictos con rapidez, di lo que sientes cuando lo sepas y siempre despídete de la gente a tu alrededor, podrías no tener otra oportunidad…

martes, 30 de marzo de 2010

Dependencia ~ Reflexión de Psicología




¿En qué punto la dependencia roza con la obsesión?

Es dificil decir, pues por un lado una buena presencia y una constante actividad forman parte de una relación de alta calidad.
Por otra parte, buscar a la contraparte y tener pensamientos relacionados a ella, indican que el lazo se está construyendo bien. Y así se logra una confianza que poco a poco va revelando las emociones de cada uno.

Pero no todas las personas pueden soportar tal cantidad de actividad y afectos. E incluso las emociones cumplen la ley de inercia, es decir, si se tiene algo, es imposible frenarlo sin efectos. Eso es lo que espanta... dar una mala impresión, temer dañar al otro y en el caso de la timidez y similares, el miedo a hacer el ridículo.

La capacidad de generar dependencia es todo un privilegio mientras se tenga control sobre ella. Una emoción o la carencia de ella pueden alterar la conexión y generar una dependencia exagerada que puede generar el temor en el otro.

Para suerte de las personas, el idioma es un don que sirve para solucionar tal tipo de problemas.

A base de eso pienso en algunas posibilidades que transforman la dependencia en un acto obsesivo.

Por una parte existe el trauma infantil o la carencia de alguna emoción en la infancia. Lo cual lleva a buscar en los demás a alguien que pueda suplir ese algo que se siente en falta. Generando una dependencia que obligará al otro a dar una atención que cae en el narcicismo. Esto se vuelve obsesivo si la persona dependiente se altera sin una atención constante a las emociones.
Una posible solución es el negociar con esa persona condicionantes para tal atención y una vez logrado, ayudarle a comprender que se van a apoyar mutuamente pero no pueden mantener una exclusividad pues hay más gente en la vida de cada uno.

Existen aquellos que temen al mundo y son inseguros de sí mismos. Generando una dependencia que obligará al otro a actuar como protector. Esto se vuelve obsesivo si la parte dependiente es incapaz de hacer cosas sin la persona que actua como protector.
Esta solución es más complicada resolverla por cuenta propia, pues de alguna forma hay que hacer que el protegido gane seguridad como para hacer cosas solo. Para ello podría ser una buena forma el acompañarle a hacer nuevos lazos y actividades que impliquen individualidad.

Otra posibilidad es que la carencia infantil se exprese a la inversa. Entonces la parte dependiente intenta hacer de los otros una suerte de hijos a los que protegerán con aprensión. Eso se vuelve obsesivo si la persona dependiente no quiere alejarse de la persona que actúa como hijo por miedo a que le pase algo mientras no se entera de lo que el otro hace.
Una posible solución es mantenerse cerca de la persona dependiente y haciendo cosas que impliquen un aparente riesgo, para luego tras una charla explicarle que son seres independientes que necesitan cada uno su espacio y que capaces de hacer cosas por sí solos, además de dejar en claro que los riesgos son una cosa común y no olvidar agradecer sus intenciones.

Probablemente habrá que repetir varias veces las cosas dichas, pues una dependencia no se rompe fácil (piensen en el enamoramiento que es un tipo de dependencia aceptada socialmente) y una obsesión puede ser tan fuerte que se transforme en un caso clínico.

Lo importante, sobretodo si se dicen amigos de la persona dependiente, es tener en claro que el abandono o la distancia repentina, aunque es lo más cómodo y para muchos la más sensata forma de proceder, generará en la persona afectada un daño de inesperadas y muy altas proporciones. Por ello, en medida de lo que sea posible como para no sacrificar demasiado la vida persona, un amigo intentaría hacerle entender y le apoyaría para que logre salir sin muchas penurias de los sentimientos obsesivos.

Hay que repetir también que el problema no es la dependencia, pues esta aparece como conector entre dos personas con una relación más allá del solo conocerse. El punto es el nivel de esa dependencia.

Las personas se buscan entre sí para contarse problemas o divertirse para olvidarlos por un momento, para liberar tensiones o compartir emociones, para tener algo de tacto (tocarse, abrazarse, etc es sumamente importante). Y así con una larga lista de infinitas posibilidades.

Todos somos dependientes, todos dependemos de otros en mayor o menor medida. O incluso de alguna actividad u objeto.

Lo importante es que la dependencia no se transforme en obsesión, no se vuelva enfermiza y aunque a veces pueda ser algo incómoda (cosa muy frecuente), no se vuelva algo molesto o dañino. Y para eso hay que saber actuar por uno mismo y por los demás.

Hay que ser solidario con uno mismo y con los demás.

Y no olvidar que la mejor forma de solucionar, es comunicar.

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Gracias por leer, y por favor deje sus comentarios si los tiene.

Sean fuertes, pues este mundo al final es para quien pueda luchar.

martes, 16 de marzo de 2010

Niño sin esperanza

Esta corta historia nació de un deseo por escribir un relato que reflejara la importancia del tacto y contara una situación triste (debido a que es la música que escogí para escribir). Así como algunos escritores eligen un "algo" que siempre aparece en sus historias, yo tengo uno que es más que obvio, los niños.
Ojalá disfruten de esta historia... gracias por leer.


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Regresando a casa desde mi trabajo me acomodé en aquél sofá que en su centro comenzaba a hundirse tras tantas tardes de permanecer ahí, inmóvil y solitario, sumergido en cientos de pensamientos muchas veces inconexos, pero que daban paso a un estado parecido a una catarsis que finalmente me llevaba a relajarme debido al cansancio que me provocaban.

Un golpe en mi puerta interrumpió el proceso. Decidí ignorarle, pero se convirtió en un golpeteo insistente sobre la humilde puerta que resguardaba mis pertenencias acomodadas en un modesto apartamento de la ciudad.

- Ya voy – Dije, levantándome con pereza.

Al abrir la puerta, observé a un niño que con mirada triste observaba al interior de mi departamento. Su cabello negro no brillaba, como tampoco lo hacía su mirada. Su contextura estaba dentro del promedio de los niños de su edad y su piel más bien oscura encajaba bien con sus rasgos.
De un momento a otro, entro sin ningún cuidado y corrió hasta el balcón. No tan intrigado como molesto cerré la puerta y me dirigí hacia él reclamando por su impertinente entrada.

- Se ha ido – Dijo con quebradiza voz, mirando al cielo – mi ave escapó –

Se apoyó unos instantes en la baranda y cerró los ojos para sentir al viento. Estaba oscureciendo, no había forma de buscar al ave a esas horas. Le observé durante largo rato, su cuerpo pequeño era atractivo en su inocencia. De pronto, se repuso y camino directo a la puerta, ahí se detuvo un instante y sin mirar expresó con voz débil y aún quebradiza un simple:

- Gracias – Y entonces abrió la puerta.

Antes de abrir la puerta, no pude evitar decirle que se quedara un rato más.

- ¿Por qué no me acompañas un rato? ¿Te gustaría un té o algo? – Entonces se detuvo y cerró la puerta – Quizá me equivoco y no debería decirlo, pero pareces un chico con muchos problemas –

Al decir estas palabras pensé que podría escapar temiendo una interrogación, pero en vez de eso, solo camino hasta el sofá y se sentó justo en el centro, en el agujero marcado, como si todo en él estuviera hecho para hundirle. Me sentí triste con solo verle, ¿es que acaso no podía hacer nada?
Me encaminé a la cocina y desde ahí me dispuse a preparar un par de tazas de té, pero luego pensé que quizá un niño preferiría otra cosa y entonces grité:

- ¿Estás bien con un té o preferirías otra cosa como una soda o quizá leche? –

- Leche caliente estaría bien – Me respondió con suavidad.

Me sonreí con la idea, ¿cómo no se me había ocurrido ofrecer leche antes?

- ¿Cuánta azúcar? –

- Dos cucharadas están bien –

Me dijo mientras yo pensaba en lo dulce que quedaría, pero estaba bien para un niño, pensé luego.
Al tener todo listo, caminé de vuelta junto con él y le estiré la taza con leche, para luego sentarme a su lado.
Mientras bebíamos, no intercambiamos muchas palabras, solo mencionó su nombre y me comentó algo sobre el ave que había escapado.
Finalmente oscureció y se marchó, vivía en el mismo edificio, por lo que no me preocupé demasiado porque volviera a salvo.

- Gracias por la leche – Fue lo último que dijo antes de partir.

Al día siguiente, mientras trabajaba, varias veces recordé al pequeño y me sentía triste de no haber podido hacer nada por ayudarle más. Sin duda estaba muy apenado, pero también estaba seguro de que no era solo por el ave.

- Mi madre falleció hace poco más de un año –

Fue lo que me contó, al aparecerse ante mi puerta, una vez más, ese día. Le dejé entrar y volví a servirle la taza de leche con dos de azúcar. Poco a poco fue contándome más cosas, siempre con un tono demasiado adulto, como si su infancia hubiese sido arrebatada de golpe.

- Desde entonces veo a mi padre salir cada mañana a trabajar antes de que me ponga en pie y regresa tarde por la noche a encerrarse en su cuarto a llorar… es triste –

- Has de sentirte muy solo durante el día – Dije intentando acercarme a su dolor.

- No me importa – Respondió.

Al decirlo, su mano tiritó y perdió fuerza, dejando caer tu leche encima. Como estaba caliente, en una rápida reacción me acerqué para quitarle la ropa empapada con líquido hirviendo. Sin embargo, esto generó su molestia y mientras alegaba que estaba bien, intentaba alejarme. Pero con mi insistencia al final se dejó quitar la empapada polera. Al hacerlo pude ver sobre su cuerpo diversas magulladuras.

- Arruiné tu sofá – Dijo, intentando desviar mi atención.

- Estas heridas. ¿Acaso tu padre…? –

- No es nada, no me importa. Incluso siendo golpeado… verle llorando y llorando, como si hubiera olvidado mi existencia, sin mirarme siquiera… es triste… - Se interrumpió un segundo – Contra algo así, estas heridas no son nada para mí –

En ese momento lo abracé, cerrando mis ojos. Quise transmitir hacia él, todo el calor que a nadie le había dado antes. Lo senté sobre mí y con suavidad besé sus mejillas y acaricié sus cabellos opacos. Estuve así, abrazándole hasta que cubierto su rostro de lágrimas se quedó dormido.

Me levanté, entonces, tomándole en brazos y llevándolo hasta mi cama, en donde le dejé dormir plácidamente durante varias horas.

En la espera, decidí salir a mirar por el balcón el anochecer, dejar que el viento me acariciara. A mirar hacia el cielo para clamar hacia un Dios que parecía no tenerle piedad al pequeño que dormía en mi apartamento. Sentí que lágrimas querían salir de mí, pero me contuve. Es cierto, pensaba, quizá el sentimiento que me conectó al inicio fue la lástima, pero no quería que la lástima fuera mi conexión con él.

La noche comenzó a enfriar, entré al apartamento y fui hasta el sofá, sentado en el agujero, me dormí. Al despertar, aún era de noche. Y el pequeño estaba sentado junto a mí, con la cabeza apoyada sobre mi hombro y con el cobertor de la cama sobre ambos. Esbozaba una pequeña sonrisa, casi imperceptible, pero una sonrisa.

Me quedé observándole tan fijamente, que no percibí el paso del tiempo. Finalmente despertó y le abracé una vez más, a lo que respondió de igual forma.

- Para ser sincero… siempre quise que alguien me tocara tiernamente –

¿De verdad creía no ser digno de que alguien le tocara cariñosamente? Era el terrible pensamiento que recorría mi mente. Pero al menos, había logrado hacer algo.

- ¿Puedo regresar alguna vez? – Preguntó con cierta timidez al ponerse una de mis viejas camisas y partir.

- Tonto, siempre que quieras. Ten cuidado regresando a tu apartamento. Buenas noches –

El solo avanzó unos pasos, luego volteó y tímidamente agitó su mano en señal de despedida. En sus ojos había un ligero indicio de luz, e incluso sus cabellos parecían más brillantes. Finalmente cerré la puerta y no me alejé de ella por largo rato. Yo también deseaba que regresara alguna vez.

sábado, 23 de enero de 2010

Shikai - Capitulo 5

Este capítulo habla sobre la naciente amistad entre un chico misterioso y de apariencia triste. Y otro explosivo y social que de pronto desea integrarlo a sus círculos (aunque al final se darán cuenta de que no es así como se ha mostrado). Me recuerda amistades y situaciones de mis propias relaciones. Quizá hasta algo puedan extraer para su vida diaria. Dedicado a mis amigos :3

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Las calles eran iluminadas por cientos de largos hilos que colgaban por las calles como tendido eléctrico. Todo denotaba un ambiente de celebración, las decoraciones parecían navideñas con tantas luces multicolores parpadeando. Tantas, que abrir los ojos mirando directamente hacia ellas era todo un desafío. Por diversos altoparlantes, situados estratégicamente de modo que todos pudieran oír con claridad, se escuchaba alegre música en la que predominaba el acordeón como voz principal, dando un tono alegre y fino, como si se tratara de un tango o una balada francesa, un galo.

Por las calles andaban parejas abrazadas con calidez y grandes sonrisas, algunos con uno o varios pequeños que jugando alrededor corrían entre risas por las calles que habían sido cerradas para los vehículos para permitir un libre deambular de los visitantes, quienes podían detenerse en los diversos puestos de juegos o comida que habían sido instalados por las mismas personas que atendían y gritaban ofreciendo los productos o servicios que mostraban una gran dedicación y preparación para la ocasión. Ni un solo puesto mostraba precariedad por más modesta que fuera la oferta.

Todo opacaba aquél cielo oscuro, tan negro, que ni siquiera las brillantes estrellas lograban hacerse notar con su intensa luminosidad. Sin embargo, nadie notaba el extraño suceso y tampoco nada mostraba algo por lo que pudiese alguien preocuparse.

Entre toda la gente, un chico, el único que no sonreía avanzaba a paso lento. No miraba con odio o alegría. Llevaba en sus ojos una mirada y expresión neutral, aunque inquisidora, como si deseara comprar todo lo que veía, analizándolo todo en detalle, observando cada detalle. De esas personas que serían toda una amenaza para aquellos que intentan ocultar ese defecto en la piel o el agujerito en la ropa.

A su alrededor generaba una extraña sensación de amenaza y se observaba un extraño fenómeno: Los niños que corrían felices jugando con sus pares miraban con cierto temor y regresaban por donde venían o hacia sus padres. Los adultos, por otra parte, solo cruzaban arrojando una mirada de advertencia, como si detectaran innatamente una posible agresión hacia los que deseaban defender o a sí mismos.

Pero nunca falta quien es la excepción. Un niño de mirada inocente y de apariencia bastante débil se le acercó. Entonces, como solía hacer, el chico de mirada triste arrojó una ligera sonrisa buscando generar la simpatía que mostraba más naturalmente como defensa ante sus carencias y dudas, aunque sin saber el verdadero motivo por el cual lo hacía. El pequeño también le sonrío a ojos cerrados. Sin embargo, cuando cruzaron miradas, el pequeño cambió su sonrisa por una expresión de pánico y sin saber por qué golpeó al extraño chico y luego escapó, perdiéndose entre la gente.

- ¿Te has peleado con tu amigo? – Preguntó un chico de expresión alegre que apareció de la misma forma como apareció el pequeño, de entre la gente y de sorpresa.

Ante este pregunta el chico de mirada neutral comenzó su típico torbellino de ideas fugaces y respuestas inalcanzables. De alguna forma, era una defensa, pero también un problema para quién era su interlocutor quien no se sabía siquiera oído. Sin embargo, esto no parecía importarle demasiado al alegre muchacho.

- ¿No eres de muchas palabras, amigo? – Dijo notando que este título causaba una expresión de asombro que cambió la expresión neutral del chico – Bueno, supongo que puedes solucionar el problema luego, pero no tardes demasiado o podrías perderlo. Bueno, regreso con mis compañeros. ¡Diviértete! –

Tras decir esto, sacó la mano que permaneció durante todo ese rato en su bolsillo y la levantó, dando la espalda, a forma de despedida.

- Espera – Dijo a muy bajo volumen el chico volviendo a su mirada neutral. Lo cual hizo que el muchacho alegre girara la cabeza para escucharle.

- ¿Eh? ¿Necesitas algo? –

- No. Solo… - Dijo antes de caer en un silencio incomprensible.

Entonces el chico alegre se volteó completamente, avanzó lentamente hasta el chico temeroso, que ahora se veía algo nervioso, y le abrazó. El calor que transmitía era fuerte, por alguna razón generaba una sensación de protección y el chico lo sabía. Así como también sabía, por obviedad, que este chico de mirada atemorizada se sentía desprotegido.

- Yo… - Intentó decir entonces el chico abrazado.

- No es necesario decir nada en este momento, entre nosotros acaba de nacer un lazo que habrá que proteger, si tu también deseas hacerlo, claro. A ver… - El chico alegre se interrumpió, soltó al chico abrazado y metió su mano al bolsillo.

Tras indagar un poco en su bolsillo sacó un puñado de cosas, entre las que habían varias cosas bastante inútiles para la gente común: Una pequeña linterna, más pequeña que un dedo, un papel en blanco, una figurita de plástico, unas cuantas monedas y un celular. Esto hizo que del chico temeroso se escapara una pequeña risita. “Qué tipo más desordenado” fue lo que cruzó su mente. El chico alegre también dejó escapar una sonrisita mientras miraba en la pantalla de su celular.

- ¿Me das tu número de teléfono? Así podemos vernos otro día y conversar un rato para conocernos mejor. ¿Te parece una buena idea? –

El chico silencioso sacó entonces de su bolsillo su celular. Y le entregó el aparato al chico como forma de asentir. Entonces, el chico tomó el celular y comenzó a agregarse como contacto diciendo los números en voz alta. A su vez el silencioso muchacho repetía los números una y otra vez en su mente, memorizándolos. Tal acto causó, ahora, una risa en el alegre.

Entonces, sin ninguno buscar realmente hacerlo, ambos chicos cruzaron sus miradas, deteniéndose justo sobre los ojos del otro. El chico silencioso se mostró nervioso ante la situación, sabía lo que seguía y comenzó un ligero tiritar en sus manos, dejó por un instante de respirar. El chico alegre, por su parte, también dejó de respirar y se paralizó por un instante.

Un silencio incómodo llenó el ambiente, al menos esa fue la sensación en ambos. Todo desapareció entre ellos, como si todo se oscureciera dejando ante cada uno, solo la presencia del otro. Mentalmente, sin decir nada, ambos escucharon en sus mentes como si el otro preguntara: “¿Cuál es tu nombre?”. Y observaron un hilo luminoso que salía de uno, hasta conectar con el otro, un lazo entre ellos.

En un susurro ambos dijeron “estamos conectados”. Y al decirlo, todo pareció volver a la normalidad. Ninguno dijo nada, el chico alegre le devolvió el celular al chico de mirada neutral y tras poner una de sus manos en el hombro, al igual que la primera vez, levantó de espaldas una de sus manos y se alejó una vez más, pero esta vez, corriendo.

El chico de mirada neutral miro como ese nuevo amigo se alejaba a paso veloz, desapareciendo entre la gente. Y se sonrió. Bajo entonces la mirada hacia su mano. En su celular observó “Hialek :P”. Y bajo esa línea el número de teléfono del amigo que acababa de hacer y que ya había memorizado.

El cielo, antes totalmente negro ahora dejaba entrever unas cuantas estrellas que brillaban débilmente. Algo en la oscuridad del mundo había cedido ante esa calle que aún brillaba en tonos multicolor, con el sonido de risas infantiles jugando. Los niños ya no temían. Y aunque el chico seguía solo y sin poder decidir nada, por alguna razón aunque aún se sentía solo, veía el mundo diferente. Quizá el cielo no debía ser negro, pero definitivamente debía ser más oscuro que azul.