martes, 30 de marzo de 2010

Dependencia ~ Reflexión de Psicología




¿En qué punto la dependencia roza con la obsesión?

Es dificil decir, pues por un lado una buena presencia y una constante actividad forman parte de una relación de alta calidad.
Por otra parte, buscar a la contraparte y tener pensamientos relacionados a ella, indican que el lazo se está construyendo bien. Y así se logra una confianza que poco a poco va revelando las emociones de cada uno.

Pero no todas las personas pueden soportar tal cantidad de actividad y afectos. E incluso las emociones cumplen la ley de inercia, es decir, si se tiene algo, es imposible frenarlo sin efectos. Eso es lo que espanta... dar una mala impresión, temer dañar al otro y en el caso de la timidez y similares, el miedo a hacer el ridículo.

La capacidad de generar dependencia es todo un privilegio mientras se tenga control sobre ella. Una emoción o la carencia de ella pueden alterar la conexión y generar una dependencia exagerada que puede generar el temor en el otro.

Para suerte de las personas, el idioma es un don que sirve para solucionar tal tipo de problemas.

A base de eso pienso en algunas posibilidades que transforman la dependencia en un acto obsesivo.

Por una parte existe el trauma infantil o la carencia de alguna emoción en la infancia. Lo cual lleva a buscar en los demás a alguien que pueda suplir ese algo que se siente en falta. Generando una dependencia que obligará al otro a dar una atención que cae en el narcicismo. Esto se vuelve obsesivo si la persona dependiente se altera sin una atención constante a las emociones.
Una posible solución es el negociar con esa persona condicionantes para tal atención y una vez logrado, ayudarle a comprender que se van a apoyar mutuamente pero no pueden mantener una exclusividad pues hay más gente en la vida de cada uno.

Existen aquellos que temen al mundo y son inseguros de sí mismos. Generando una dependencia que obligará al otro a actuar como protector. Esto se vuelve obsesivo si la parte dependiente es incapaz de hacer cosas sin la persona que actua como protector.
Esta solución es más complicada resolverla por cuenta propia, pues de alguna forma hay que hacer que el protegido gane seguridad como para hacer cosas solo. Para ello podría ser una buena forma el acompañarle a hacer nuevos lazos y actividades que impliquen individualidad.

Otra posibilidad es que la carencia infantil se exprese a la inversa. Entonces la parte dependiente intenta hacer de los otros una suerte de hijos a los que protegerán con aprensión. Eso se vuelve obsesivo si la persona dependiente no quiere alejarse de la persona que actúa como hijo por miedo a que le pase algo mientras no se entera de lo que el otro hace.
Una posible solución es mantenerse cerca de la persona dependiente y haciendo cosas que impliquen un aparente riesgo, para luego tras una charla explicarle que son seres independientes que necesitan cada uno su espacio y que capaces de hacer cosas por sí solos, además de dejar en claro que los riesgos son una cosa común y no olvidar agradecer sus intenciones.

Probablemente habrá que repetir varias veces las cosas dichas, pues una dependencia no se rompe fácil (piensen en el enamoramiento que es un tipo de dependencia aceptada socialmente) y una obsesión puede ser tan fuerte que se transforme en un caso clínico.

Lo importante, sobretodo si se dicen amigos de la persona dependiente, es tener en claro que el abandono o la distancia repentina, aunque es lo más cómodo y para muchos la más sensata forma de proceder, generará en la persona afectada un daño de inesperadas y muy altas proporciones. Por ello, en medida de lo que sea posible como para no sacrificar demasiado la vida persona, un amigo intentaría hacerle entender y le apoyaría para que logre salir sin muchas penurias de los sentimientos obsesivos.

Hay que repetir también que el problema no es la dependencia, pues esta aparece como conector entre dos personas con una relación más allá del solo conocerse. El punto es el nivel de esa dependencia.

Las personas se buscan entre sí para contarse problemas o divertirse para olvidarlos por un momento, para liberar tensiones o compartir emociones, para tener algo de tacto (tocarse, abrazarse, etc es sumamente importante). Y así con una larga lista de infinitas posibilidades.

Todos somos dependientes, todos dependemos de otros en mayor o menor medida. O incluso de alguna actividad u objeto.

Lo importante es que la dependencia no se transforme en obsesión, no se vuelva enfermiza y aunque a veces pueda ser algo incómoda (cosa muy frecuente), no se vuelva algo molesto o dañino. Y para eso hay que saber actuar por uno mismo y por los demás.

Hay que ser solidario con uno mismo y con los demás.

Y no olvidar que la mejor forma de solucionar, es comunicar.

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Gracias por leer, y por favor deje sus comentarios si los tiene.

Sean fuertes, pues este mundo al final es para quien pueda luchar.

martes, 16 de marzo de 2010

Niño sin esperanza

Esta corta historia nació de un deseo por escribir un relato que reflejara la importancia del tacto y contara una situación triste (debido a que es la música que escogí para escribir). Así como algunos escritores eligen un "algo" que siempre aparece en sus historias, yo tengo uno que es más que obvio, los niños.
Ojalá disfruten de esta historia... gracias por leer.


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Regresando a casa desde mi trabajo me acomodé en aquél sofá que en su centro comenzaba a hundirse tras tantas tardes de permanecer ahí, inmóvil y solitario, sumergido en cientos de pensamientos muchas veces inconexos, pero que daban paso a un estado parecido a una catarsis que finalmente me llevaba a relajarme debido al cansancio que me provocaban.

Un golpe en mi puerta interrumpió el proceso. Decidí ignorarle, pero se convirtió en un golpeteo insistente sobre la humilde puerta que resguardaba mis pertenencias acomodadas en un modesto apartamento de la ciudad.

- Ya voy – Dije, levantándome con pereza.

Al abrir la puerta, observé a un niño que con mirada triste observaba al interior de mi departamento. Su cabello negro no brillaba, como tampoco lo hacía su mirada. Su contextura estaba dentro del promedio de los niños de su edad y su piel más bien oscura encajaba bien con sus rasgos.
De un momento a otro, entro sin ningún cuidado y corrió hasta el balcón. No tan intrigado como molesto cerré la puerta y me dirigí hacia él reclamando por su impertinente entrada.

- Se ha ido – Dijo con quebradiza voz, mirando al cielo – mi ave escapó –

Se apoyó unos instantes en la baranda y cerró los ojos para sentir al viento. Estaba oscureciendo, no había forma de buscar al ave a esas horas. Le observé durante largo rato, su cuerpo pequeño era atractivo en su inocencia. De pronto, se repuso y camino directo a la puerta, ahí se detuvo un instante y sin mirar expresó con voz débil y aún quebradiza un simple:

- Gracias – Y entonces abrió la puerta.

Antes de abrir la puerta, no pude evitar decirle que se quedara un rato más.

- ¿Por qué no me acompañas un rato? ¿Te gustaría un té o algo? – Entonces se detuvo y cerró la puerta – Quizá me equivoco y no debería decirlo, pero pareces un chico con muchos problemas –

Al decir estas palabras pensé que podría escapar temiendo una interrogación, pero en vez de eso, solo camino hasta el sofá y se sentó justo en el centro, en el agujero marcado, como si todo en él estuviera hecho para hundirle. Me sentí triste con solo verle, ¿es que acaso no podía hacer nada?
Me encaminé a la cocina y desde ahí me dispuse a preparar un par de tazas de té, pero luego pensé que quizá un niño preferiría otra cosa y entonces grité:

- ¿Estás bien con un té o preferirías otra cosa como una soda o quizá leche? –

- Leche caliente estaría bien – Me respondió con suavidad.

Me sonreí con la idea, ¿cómo no se me había ocurrido ofrecer leche antes?

- ¿Cuánta azúcar? –

- Dos cucharadas están bien –

Me dijo mientras yo pensaba en lo dulce que quedaría, pero estaba bien para un niño, pensé luego.
Al tener todo listo, caminé de vuelta junto con él y le estiré la taza con leche, para luego sentarme a su lado.
Mientras bebíamos, no intercambiamos muchas palabras, solo mencionó su nombre y me comentó algo sobre el ave que había escapado.
Finalmente oscureció y se marchó, vivía en el mismo edificio, por lo que no me preocupé demasiado porque volviera a salvo.

- Gracias por la leche – Fue lo último que dijo antes de partir.

Al día siguiente, mientras trabajaba, varias veces recordé al pequeño y me sentía triste de no haber podido hacer nada por ayudarle más. Sin duda estaba muy apenado, pero también estaba seguro de que no era solo por el ave.

- Mi madre falleció hace poco más de un año –

Fue lo que me contó, al aparecerse ante mi puerta, una vez más, ese día. Le dejé entrar y volví a servirle la taza de leche con dos de azúcar. Poco a poco fue contándome más cosas, siempre con un tono demasiado adulto, como si su infancia hubiese sido arrebatada de golpe.

- Desde entonces veo a mi padre salir cada mañana a trabajar antes de que me ponga en pie y regresa tarde por la noche a encerrarse en su cuarto a llorar… es triste –

- Has de sentirte muy solo durante el día – Dije intentando acercarme a su dolor.

- No me importa – Respondió.

Al decirlo, su mano tiritó y perdió fuerza, dejando caer tu leche encima. Como estaba caliente, en una rápida reacción me acerqué para quitarle la ropa empapada con líquido hirviendo. Sin embargo, esto generó su molestia y mientras alegaba que estaba bien, intentaba alejarme. Pero con mi insistencia al final se dejó quitar la empapada polera. Al hacerlo pude ver sobre su cuerpo diversas magulladuras.

- Arruiné tu sofá – Dijo, intentando desviar mi atención.

- Estas heridas. ¿Acaso tu padre…? –

- No es nada, no me importa. Incluso siendo golpeado… verle llorando y llorando, como si hubiera olvidado mi existencia, sin mirarme siquiera… es triste… - Se interrumpió un segundo – Contra algo así, estas heridas no son nada para mí –

En ese momento lo abracé, cerrando mis ojos. Quise transmitir hacia él, todo el calor que a nadie le había dado antes. Lo senté sobre mí y con suavidad besé sus mejillas y acaricié sus cabellos opacos. Estuve así, abrazándole hasta que cubierto su rostro de lágrimas se quedó dormido.

Me levanté, entonces, tomándole en brazos y llevándolo hasta mi cama, en donde le dejé dormir plácidamente durante varias horas.

En la espera, decidí salir a mirar por el balcón el anochecer, dejar que el viento me acariciara. A mirar hacia el cielo para clamar hacia un Dios que parecía no tenerle piedad al pequeño que dormía en mi apartamento. Sentí que lágrimas querían salir de mí, pero me contuve. Es cierto, pensaba, quizá el sentimiento que me conectó al inicio fue la lástima, pero no quería que la lástima fuera mi conexión con él.

La noche comenzó a enfriar, entré al apartamento y fui hasta el sofá, sentado en el agujero, me dormí. Al despertar, aún era de noche. Y el pequeño estaba sentado junto a mí, con la cabeza apoyada sobre mi hombro y con el cobertor de la cama sobre ambos. Esbozaba una pequeña sonrisa, casi imperceptible, pero una sonrisa.

Me quedé observándole tan fijamente, que no percibí el paso del tiempo. Finalmente despertó y le abracé una vez más, a lo que respondió de igual forma.

- Para ser sincero… siempre quise que alguien me tocara tiernamente –

¿De verdad creía no ser digno de que alguien le tocara cariñosamente? Era el terrible pensamiento que recorría mi mente. Pero al menos, había logrado hacer algo.

- ¿Puedo regresar alguna vez? – Preguntó con cierta timidez al ponerse una de mis viejas camisas y partir.

- Tonto, siempre que quieras. Ten cuidado regresando a tu apartamento. Buenas noches –

El solo avanzó unos pasos, luego volteó y tímidamente agitó su mano en señal de despedida. En sus ojos había un ligero indicio de luz, e incluso sus cabellos parecían más brillantes. Finalmente cerré la puerta y no me alejé de ella por largo rato. Yo también deseaba que regresara alguna vez.

sábado, 23 de enero de 2010

Shikai - Capitulo 5

Este capítulo habla sobre la naciente amistad entre un chico misterioso y de apariencia triste. Y otro explosivo y social que de pronto desea integrarlo a sus círculos (aunque al final se darán cuenta de que no es así como se ha mostrado). Me recuerda amistades y situaciones de mis propias relaciones. Quizá hasta algo puedan extraer para su vida diaria. Dedicado a mis amigos :3

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Las calles eran iluminadas por cientos de largos hilos que colgaban por las calles como tendido eléctrico. Todo denotaba un ambiente de celebración, las decoraciones parecían navideñas con tantas luces multicolores parpadeando. Tantas, que abrir los ojos mirando directamente hacia ellas era todo un desafío. Por diversos altoparlantes, situados estratégicamente de modo que todos pudieran oír con claridad, se escuchaba alegre música en la que predominaba el acordeón como voz principal, dando un tono alegre y fino, como si se tratara de un tango o una balada francesa, un galo.

Por las calles andaban parejas abrazadas con calidez y grandes sonrisas, algunos con uno o varios pequeños que jugando alrededor corrían entre risas por las calles que habían sido cerradas para los vehículos para permitir un libre deambular de los visitantes, quienes podían detenerse en los diversos puestos de juegos o comida que habían sido instalados por las mismas personas que atendían y gritaban ofreciendo los productos o servicios que mostraban una gran dedicación y preparación para la ocasión. Ni un solo puesto mostraba precariedad por más modesta que fuera la oferta.

Todo opacaba aquél cielo oscuro, tan negro, que ni siquiera las brillantes estrellas lograban hacerse notar con su intensa luminosidad. Sin embargo, nadie notaba el extraño suceso y tampoco nada mostraba algo por lo que pudiese alguien preocuparse.

Entre toda la gente, un chico, el único que no sonreía avanzaba a paso lento. No miraba con odio o alegría. Llevaba en sus ojos una mirada y expresión neutral, aunque inquisidora, como si deseara comprar todo lo que veía, analizándolo todo en detalle, observando cada detalle. De esas personas que serían toda una amenaza para aquellos que intentan ocultar ese defecto en la piel o el agujerito en la ropa.

A su alrededor generaba una extraña sensación de amenaza y se observaba un extraño fenómeno: Los niños que corrían felices jugando con sus pares miraban con cierto temor y regresaban por donde venían o hacia sus padres. Los adultos, por otra parte, solo cruzaban arrojando una mirada de advertencia, como si detectaran innatamente una posible agresión hacia los que deseaban defender o a sí mismos.

Pero nunca falta quien es la excepción. Un niño de mirada inocente y de apariencia bastante débil se le acercó. Entonces, como solía hacer, el chico de mirada triste arrojó una ligera sonrisa buscando generar la simpatía que mostraba más naturalmente como defensa ante sus carencias y dudas, aunque sin saber el verdadero motivo por el cual lo hacía. El pequeño también le sonrío a ojos cerrados. Sin embargo, cuando cruzaron miradas, el pequeño cambió su sonrisa por una expresión de pánico y sin saber por qué golpeó al extraño chico y luego escapó, perdiéndose entre la gente.

- ¿Te has peleado con tu amigo? – Preguntó un chico de expresión alegre que apareció de la misma forma como apareció el pequeño, de entre la gente y de sorpresa.

Ante este pregunta el chico de mirada neutral comenzó su típico torbellino de ideas fugaces y respuestas inalcanzables. De alguna forma, era una defensa, pero también un problema para quién era su interlocutor quien no se sabía siquiera oído. Sin embargo, esto no parecía importarle demasiado al alegre muchacho.

- ¿No eres de muchas palabras, amigo? – Dijo notando que este título causaba una expresión de asombro que cambió la expresión neutral del chico – Bueno, supongo que puedes solucionar el problema luego, pero no tardes demasiado o podrías perderlo. Bueno, regreso con mis compañeros. ¡Diviértete! –

Tras decir esto, sacó la mano que permaneció durante todo ese rato en su bolsillo y la levantó, dando la espalda, a forma de despedida.

- Espera – Dijo a muy bajo volumen el chico volviendo a su mirada neutral. Lo cual hizo que el muchacho alegre girara la cabeza para escucharle.

- ¿Eh? ¿Necesitas algo? –

- No. Solo… - Dijo antes de caer en un silencio incomprensible.

Entonces el chico alegre se volteó completamente, avanzó lentamente hasta el chico temeroso, que ahora se veía algo nervioso, y le abrazó. El calor que transmitía era fuerte, por alguna razón generaba una sensación de protección y el chico lo sabía. Así como también sabía, por obviedad, que este chico de mirada atemorizada se sentía desprotegido.

- Yo… - Intentó decir entonces el chico abrazado.

- No es necesario decir nada en este momento, entre nosotros acaba de nacer un lazo que habrá que proteger, si tu también deseas hacerlo, claro. A ver… - El chico alegre se interrumpió, soltó al chico abrazado y metió su mano al bolsillo.

Tras indagar un poco en su bolsillo sacó un puñado de cosas, entre las que habían varias cosas bastante inútiles para la gente común: Una pequeña linterna, más pequeña que un dedo, un papel en blanco, una figurita de plástico, unas cuantas monedas y un celular. Esto hizo que del chico temeroso se escapara una pequeña risita. “Qué tipo más desordenado” fue lo que cruzó su mente. El chico alegre también dejó escapar una sonrisita mientras miraba en la pantalla de su celular.

- ¿Me das tu número de teléfono? Así podemos vernos otro día y conversar un rato para conocernos mejor. ¿Te parece una buena idea? –

El chico silencioso sacó entonces de su bolsillo su celular. Y le entregó el aparato al chico como forma de asentir. Entonces, el chico tomó el celular y comenzó a agregarse como contacto diciendo los números en voz alta. A su vez el silencioso muchacho repetía los números una y otra vez en su mente, memorizándolos. Tal acto causó, ahora, una risa en el alegre.

Entonces, sin ninguno buscar realmente hacerlo, ambos chicos cruzaron sus miradas, deteniéndose justo sobre los ojos del otro. El chico silencioso se mostró nervioso ante la situación, sabía lo que seguía y comenzó un ligero tiritar en sus manos, dejó por un instante de respirar. El chico alegre, por su parte, también dejó de respirar y se paralizó por un instante.

Un silencio incómodo llenó el ambiente, al menos esa fue la sensación en ambos. Todo desapareció entre ellos, como si todo se oscureciera dejando ante cada uno, solo la presencia del otro. Mentalmente, sin decir nada, ambos escucharon en sus mentes como si el otro preguntara: “¿Cuál es tu nombre?”. Y observaron un hilo luminoso que salía de uno, hasta conectar con el otro, un lazo entre ellos.

En un susurro ambos dijeron “estamos conectados”. Y al decirlo, todo pareció volver a la normalidad. Ninguno dijo nada, el chico alegre le devolvió el celular al chico de mirada neutral y tras poner una de sus manos en el hombro, al igual que la primera vez, levantó de espaldas una de sus manos y se alejó una vez más, pero esta vez, corriendo.

El chico de mirada neutral miro como ese nuevo amigo se alejaba a paso veloz, desapareciendo entre la gente. Y se sonrió. Bajo entonces la mirada hacia su mano. En su celular observó “Hialek :P”. Y bajo esa línea el número de teléfono del amigo que acababa de hacer y que ya había memorizado.

El cielo, antes totalmente negro ahora dejaba entrever unas cuantas estrellas que brillaban débilmente. Algo en la oscuridad del mundo había cedido ante esa calle que aún brillaba en tonos multicolor, con el sonido de risas infantiles jugando. Los niños ya no temían. Y aunque el chico seguía solo y sin poder decidir nada, por alguna razón aunque aún se sentía solo, veía el mundo diferente. Quizá el cielo no debía ser negro, pero definitivamente debía ser más oscuro que azul.

Shikai - Capitulo 4

Este capítulo me molesta mucho y creo que necesita una fuerte edición al final... y desde él, he pensado en reeditar los capítulos anteriores también. Pero como por ahora no cuento con el tiempo suficiente y he tardado mucho en sacar nuevos capítulos, postearé la versión que tengo hasta ahora y agregaré también el 5 que es una versión más definitiva.

Este capítulo muestra el lazo que hay entre Serech e Imation y revela también lo que es el líquido negro y quien podría convertirse en el antagonista de la historia. Precisamente por la importancia de este capítulo es que me sigue molestando lo flotante que está el final.

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Desde lo alto del rascacielos que tapaba con su magnificencia a la luna creciente en el firmamento, una corpulenta sombra cayó generando un fuerte estruendo al llegar hasta el suelo. Aquél ser, que de ser normal habría muerto al instante, se levantó sin dificultad mirando con furia a su alrededor. Su agitada y profunda respiración era evidencia de que aquél ser acechaba a su presa.

- Deja de ocultarte vil cobarde – Gritó con dura y poderosa voz.

Frente a él, a gran velocidad cruzó una sombra que no se dejó ver. A paso rápido el corpulento ser comenzó a perseguirle revelándose ante la luz de la luna el brillo de sus perfectamente forjados puños de acero, su arma predilecta. En un cierto instante se divisó con claridad como la veloz sombra subía rápidamente por uno de los edificios corriendo por las murallas como si de pronto lo horizontal y lo vertical se hubieran invertido. Rápidamente el perseguidor reemprendió carrera tras ella clavando sus puños con fuerza brutal en la muralla para ascender hasta la azotea. Su velocidad era igualmente impresionante, entre golpe y salto casi alcanzaba a la sombra, quien se vio obligada a doblar la marcha.

Al llegar arriba la sombra le miró por un instante revelándose por un instante su silueta. Un escalofrío le recorrió la espalda al poderoso cazador cuando su presa le arrojó una mirada penetrante, como si le advirtiera que no debía perseguirle más. Por un instante el cazador se vio paralizado, dubitativo.

- Imation, no le dejes escapar – Se escuchó desde lo alto, sacando al cazador del trance.

Saltando desde una azotea superior a aquella donde cazador y presa se encontraban, un segundo perseguidor se abalanzó ante la silueta, cortando el aire con una brillante espada. La sombra reaccionó con velocidad para continuar su fuga.

- Serech, maldita sea, ¿dónde te habías metido? – Dijo Imation mientras apretaba con fuerza los puños reiniciando la marcha tras la sombra.

- He estado todo el tiempo dando soporte desde lo alto, si se te pierde de vista al menos podré seguirle yo – Dijo mientras también retomaba la marcha saltando desde una azotea a otra, casi paralelo a Imation.

Con solo una ligera sonrisa Imation dio a entender que le parecía una buena idea. Continuaron así por buen rato, saltando edificio por edificio, bajando y corriendo un instante por las calles, corriendo sobre los muros violando toda ley física. Definitivamente había en ellos algo sobrenatural. A pesar de ello, parecían abusar de tal poder. Donde fuera que su presencia cruzara por un instante, una estela de destrucción se iba creando. Irrumpían con tal fuerza, velocidad y poder, que donde ponían un pie dejaban un agujero, una grieta o un vidrio roto. La sombra en cambio, parecía tal. Era silenciosa, veloz y no dejaba una sola señal de su paso. Ambos cazadores sabían que si le perdían de vista, sería definitiva su derrota. Es por ello que sin decirlo a viva voz, ambos tenían claro que encerrarle era el objetivo y por eso la persecución era en dirección al nuevo rascacielos en construcción.

En una de las oportunidades, los cazadores se creyeron vencedores al ver que la sombra se adentraba en un callejón cerrado por un edificio tan alto, que la oscuridad dejaba vislumbrar solo las partes que no eran ensombrecidas por los edificios adyacentes. Con el espadachín cubriendo las posibilidades hacia lo alto y el poderoso gigante cubriendo la única salida era una presa fácil.

- ¡Ya te tengo! – Gritó Imation con furiosa voz, declarándose victorioso.

Justo al acabar su griterío, se arrojó sobre la sombra de un solo salto pero demasiado alto.

- ¡Idiota! Dejaste que pasara por debajo de ti – Gritó desde lo alto el espadachín.

Sin embargo, la sombra no aprovecho tal oportunidad. Solo levantó la mirada sin dejar que la luz descubriera su rostro y dejó ver el brillo de sus ojos y sonrisa justo antes de extender ambos brazos y en un movimiento lento, extendió los brazos y su cuerpo se desfragmentó atravesando de improviso la pared que le encerraba.

- ¡Bastardo! – Gritó con furia Imation, golpeando con sus puños el aire.

- ¡Estuvimos tan cerca! – Respondió con tono igualmente molesto el Serech quien resignado guardó su espada – Vámonos, ya no podemos hacer nada -.

Tras la triste escena, Serech, saltó desde lo alto junto a Imation quien, algo más calmo, encaminó por las tantas calles que hace solo un instante habían sido víctima de sus pasos. La noche, la soledad y el silencio parecían ser los únicos habitantes de aquellos lugares devastados y la oscuridad la única dispuesta a acompañarles. Parecía como si la gente, de pronto, no viviera. Ambos daban cada paso sin decir nada, dejando que el silencio rotundo de la ciudad fuera interrumpido solo por el eco de sus pasos y lo agitado de sus respiraciones y palpitaciones.

Al menos así fue hasta que un estruendo potente, una suerte de explosión, se extendió silenciosa en forma de una fuerte ráfaga de viento, seguido de una extraña luz de un color carmesí intenso, como una estela sanguinolenta en el cielo que acababa en un pequeño hilo sobre el rascacielos hacia el cual intentaban encaminar a la sombra.

- ¡Ahí está! – Gritó envuelto en ira, Imation, mientras corría con igual sentimiento hacia la enorme construcción.

- Como lo suponía, supo desde el inicio que lo intentaríamos llevar hasta el nuevo rascacielos para atraparlo –

Todo tras eso fueron jadeos por la increíble velocidad que habían retomado para llegar hasta la enorme estructura en un tiempo reducido utilizando la misma estrategia previa, un en lo alto y el otro en la tierra. Ambos temían no ser lo suficientemente rápidos como para evitar que la sombra huyera antes de alcanzarle, por eso su coordinación resultaba ser tan eficaz. Solo por un instante se perdió la calma interna que les permitía esa conexión, un instante en que la sombra les miró intensamente, transmitiendo una energía negativa tal, que un escalofrío les recorrió a ambos la espalda. Sin embargo no frenaron o redujeron marcha hasta llegar a los pies de la construcción. Serech en varios impresionantes saltos ascendió con facilidad por cada uno de los niveles de las vigas aún expuestas e Imation en su brutalidad típica de enfado subió como de costumbre, con golpes de puños en los muros.

Al situarse, en la cima, el uno frente al otro en las esquinas diagonalmente opuestas, desde el cielo la estela rojiza cayó convertida en líquido, como si se tratara de un enorme río de vino, sobre la incompleta azotea, escurriéndose por las rendijas y desbordándose por todos los lados del edificio de manera casi uniforme, como si se tratase de una enorme fuente.

Toda la oscuridad del cielo cayó como si se tratara de un trapo tapando la luz del sol, el cual desde ese instante había comenzado a iluminar la gran ciudad, transmitiendo calor sobre todo e incrementando el que los cazadores ya tenían por la enorme presión y un sentimiento de malestar febril.

Un extraño chico estaba en lugar de la extraña sombra, este extendió sus brazos tal como antes la sombra había hecho para desintegrarse y se observó cómo la gente cercana comenzaba a marearse y desmayarse.

- ¿Qué demonios está haciendo? – Gritó con su característica fuerte y grave voz.

- ¿Los está…? –

Antes de que Serech pudiera terminar su frase, cayó en el desvanecimiento no sin intentar resistirse por un instante, e Imation comenzaba a perder la visión de todo color, incluso se comenzaba a ver obligado a cerrar los ojos para atenuar un poco su malestar. Sin embargo alcanzó a percatarse del terrible suceso a su alrededor.

- La gente se está… - Una punzada en el costado de su abdomen le hizo interrumpir la frase.

- Derritiendo – Dijo con sombría voz aquella sombra que habían perseguido hace unos instantes y que hasta ahora había vuelto a aparecer de la nada tras el chico, quien ya había notado su presencia y por ello su pie estaba ya sobre la víctima de su feroz patada.

Para esas alturas, Imation ya había caído al suelo, sin embargo su orgullo y gran fortaleza evitó que perdiera la conciencia, aunque ya lo único que podía percibir eran las voces del chico y la sombra entrecortadas por el pitido que su alta presión generaba.

- ¿No te dije que me esperaras para realizar esta clase de actos? - Alegó la sombra.

Imation no podía creer lo que oía, menos al ver como se habían atacado mutuamente, ¿es que acaso estaba aliado con ese extraño chico?

- Te dije que yo podía colaborar y usar también mi poder y a los miembros de la organización si era necesario. ¿Por qué actúas tan egoístamente? Siempre precipitado, ¿no te dije que comunicarse era prioridad? –

El chico entonces bajo los brazos y luego descendió molesto hasta la azotea, se volteó para mirar con una mirada llena de odio a la sombra y entonces le dio un golpe a la altura de lo que se presumía el estómago. La sombra ignorando totalmente el ataque, el cual no le había afectado en lo absoluto, puso su mano sobre la cabeza del chico mientras avanzaba hacia el corpulento ser que Imation era.

- Vaya, hasta has hecho caer al famoso Imation, que enorme poder has desarrollado – Dijo agachándose junto a Imation para verle más de cerca.

- ¿Cómo es que sabes mi nombre? – Preguntó con gran esfuerzo Imation.

- ¡Qué sorpresa! Aún estás consciente, esa es otra gran prueba de toda la capacidad que tienes mi gran amigo –

- Jamás sería amigo de alguien como tú –

- Vaya, bien dicen que la fuerza se paga con inteligencia. Pensé que para estas alturas y tras toda la cacería ya te habías percatado – Apenas dicho esto, la sombra estalló reducidamente convirtiéndose cada indicio de su forma de sombra en plumas luminosas que le revelaron con una chaqueta de cuello alto, negra y una sonrisa que se contrastaba con ella.

La sorpresa y la debilidad fueron demasiado para Imation quien ya había perdido toda fuerza que aún le mantenía despierto. Y cayó antes de cansancio que de inconsciencia, sin duda su fuerza era legendaria, pero algo faltaba, algo que le permitiera comprender como utilizarla sin perderse en la euforia o en el exceso de confianza. ¿Cómo confiar ante tanta incertidumbre?

jueves, 26 de noviembre de 2009

Shikai - Capitulo 3

Este capítulo lo tengo escrito desde hace mucho tiempo, pero como no me he dado el tiempo de revisarlo, no lo quería subir, sin embargo, creo que no es mala idea editarlo sobre la marcha y revelarles lo que continúa.

Este capítulo muestra la dualidad que habita en Hialek, como en todo humano, entre su razón y sus emociones. La capacidad de abstracción que tiene para "separarlos" aunque tal cosa no sea realmente posible.
Además introduce a la primera chica perteneciente a la organización, aunque creo recordar que nunca mencioné eso xD (primera cosa a arreglar). Es una relación violenta, pero llena de sentimiento, intensa, desesperada, casi enfermiza.

Además, muestra a Hialek en un momento de franca debilidad y tormento. ¿Siempre habrá sido un atormenado oculto tras el poder del liderazgo? ¿O será que otra cosa está causando esta oscura y cambiante personalidad que cubre aquella que le permitió tener seguidores? ¿Es respeto al poder o verdadero apoyo a Hialek?

En lo siguiente planeo ahondar un tanto más en las relaciones entre los que ya han aparecido, así como continuar mostrando a los personajes que hacen más dinámica la historia, que son, claro está, los personajes que están ahí para "alegrar la vida".

Gracias por seguir esta historia :3

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El piso manchado de rojo camuflaba la imperfección de los cerámicos mal puestos y destruidos. La apariencia oscura, las puertas destrozadas, la frialdad de esas murallas de sólido concreto. Nada daba pista alguna de los sucesos que ocurrían en aquél lugar. Afuera el silencio solo era interrumpido por uno que otro auto al pasar por aquella pequeña callejuela con tantos baches que cualquiera habría dicho que el camino era de tierra.

Una chaqueta negra de cuello alto tirada en un rincón. Unos botas negras recién arrojadas contra la pared con tal fuerza que la vibración fue suficiente como para romper el vidrio de una de las tantas pequeñas ventanas que dejaban que la luz entrara.

Pasos se sintieron a la vez que un rastro sanguinolento marcaba el avance de uno de los habitantes esporádicos del lugar. Una voz de mujer amenazante, luego un golpe sobre piel hacía eco seguido de un estruendo provocado por la caída de una persona u objeto que derribaba a otros tantos objetos en el lugar.

- Es verdad, me siento atraído por ti –

La mujer, coqueta, se acercaba a paso lento hacia el joven, le acariciaba con delicadeza el rostro, limpiaba la sangre que se acercaba demasiado a aquellos profundos y serios ojos que le miraban directamente. Ella le observaba por un instante y luego le tomaba de la polera manga corta, negra y ensangrentada que el joven traía siempre bajo la chaqueta de la cual le habían despojado, y le arrojaba con fuerza brutal al otro extremo de la habitación.

- Hialek, siempre me ha gustado esa actitud, esa capacidad de comando, tu voluntad y toda esa fuerza que posees. Por ello no logro comprender tu actitud. Descubrirlo también es algo que me atrae –

Hialek tras cada caída se volvía a levantar sin mucha dificultad. Al acercarse la chica, él retrocedía hasta chocar contra algo que le impidiera alejarse más y entonces ella le alcanzaba sin prisa alguna. Al hacerlo, Hialek no podía evitar poner sobre su rostro una fugaz expresión de pánico que a la chica le irritaba. Lo consideraba una muestra de cobardía. Una muestra sin sentido de debilidad. Y entonces en un arrebato violento lo golpeaba y lanzaba una vez más.

- Deja de ser un cobarde, enfréntame. Dime si hay algo en mí que también te resulte atractivo. O dime que en ti ha nacido un odio por mí - Decía con mirada severa y todo grave - No te quedes en silencio. Si no sabes que sientes, entonces al menos dame la oportunidad de luchar contra ti, pero hazlo con toda la fuerza que posees. Muéstrame tu poder. Si me odias libera ese oscuro sentimiento y destrúyeme de una vez. Libérate a través de mí -

Pero por más que insistía de Hialek no salía palabra alguna y tampoco reaccionaba. Estaba demasiado perdido y confundido como para decidir cualquier cosa.
Escapar no era su estilo y antes de esa situación tampoco se había bloqueado como en ese momento. Generalmente era indeciso, pero elegía el camino más lógico que le llevara hacia lo que deseaba sin importar si era más largo o difícil. Pero por alguna razón ya no podía. Veía cientos de ideas cruzar por su mente sin poder agarrar ninguna, las ideas eran fugaces, como si solo pudiera leer el título de una noticia, pero no su contenido y, por tanto, es que no se sentía capaz de dar una respuesta, no tenía bases para decidir siquiera lo que era ajeno a su mente: el flujo de sus emociones.

Con el insistente silencio la chica perdió aún más la paciencia y decidió embestir directamente a Hialek para intentar darle un golpe que hiciera retumbar sus entrañas y quizá así quitarle aquella confusión o al menos satisfacer su deseo de una improvisada y ligera venganza a modo de liberar su molestia.

- Si lo prefieres por las malas… - Dijo mientras a una velocidad impresionante arrojaba su puño contra el abdomen de Hialek.

Si bien Hialek había aguantado todo ese rato de golpizas porque se sentía culpable al ser incapaz de dar una respuesta, sabía que recibir ese golpe por parte de tal chica, la más poderosa de la organización, era demasiado. Por lo que a una velocidad sobrehumana se posicionó tras ella y a milimetros de donde habría estado su abdomen, le frenó tomándole del brazo.
Esto enfureció aún más a la chica, quien veía frustrada su liberación. Entonces, igualando la velocidad de Hialek se lanzó en un feroz contraataque

- No puedes ser así de bastardo. El silencio se convertirá en tu mayor enemigo si lo sigues creyendo tu aliado en situaciones como esta. Tienes que saber al menos lo que sientes, debes haberlo pensado o sentido antes de que te lo preguntara, nos conocemos desde hace mucho y alguna impresión debiste tener de mí durante todo este tiempo. Solo dame eso – Gritaba entre lágrimas de frustración y violentos ataques repletos de ira que Hialek esquivaba en un estado casi inconsciente y con irritante facilidad.

Tras un rato la chica se detuvo y cayendo de rodillas lloró por un instante. Hialek no se atrevió a acercarse, solo observó con detención y arrepentimiento. Sabía que no podía arreglar todo ese daño y aunque se esforzaba en encontrar algo que decir, su mente permanecía invariable, confundida. Estaba en un total bloqueo. Se sentía débil.
Finalmente la chica se levantó, caminó con lentitud hasta el rincón donde la chaqueta de Hialek estaba y se la llevó caminando hacia la salida.

- Yo... lo sien… - Balbuceó Hialek.

- ¡No digas que lo sientes! Si lo sintieras habrías hecho algo como justificación a tu imposibilidad de responder – Un incómodo silencio invadió una vez más el lugar, un silencio que la chica esperaba que Hialek rompiera con alguna frase, pero no fue así – Me das pena -.

Más fuerte que cualquier golpe que la chica pudiera haberle dado, más doloroso que cualquiera de las heridas que tenía sobre el cuerpo, esa frase le atacó directamente al orgullo. La chica salió cerrando con delicadeza la puerta, como diciendo que había utilizado toda su fuerza en tal batalla contra un ente de cobardía descomunal. Tras su salida Hialek camino hasta el centro exacto de la habitación, ahí se sentó e intento calmarse. Tiritaba completo y sentía una enorme frustración y un nudo en su garganta.

Se acurrucó sobre sus rodillas cual niño y dejó escapar un susurro de lengua incomprensible que recorrió toda la habitación.
Tras un instante de su cuerpo salieron un pequeño niño de apariencia inocente y alegre y una joven adulto de mirada severa y desconfiada, pero, a la vez, de presencia cálida y protectora, como una madre molesta.

- Eres patético – Dijo la mayor sin haber terminado siquiera de formarse.
- No seas así, está confundido – Interrumpió con dulce voz el niño.
- Tiene razón… - Agregó entonces, Hialek, tocando la cabeza del pequeño a la vez que se ponía de pie.

Bajo la atónita mirada del niño y la sonrisa burlesca de la mayor extendió sus dos brazos y levantó el pecho como si se llenara de un falso orgullo. Con rapidez el niño cambió su expresión a pánico y luego cubrió sus ojos con sus manos. Al instante la mayor se situó delante de Hialek y le dio un golpe fuertísimo directo al estómago. Sin embargo, a diferencia de antes con la chica, Hialek no se inmutó ni movió un solo centímetro. Recibió el golpe con toda intensidad y aún así pareció no haberle afectado en lo absoluto. Entonces, absorviendo toda la fuerza del impacto, contrarrestó el golpe liberando todo el poder hacia su alrededor en un haz destructivo e invisible. Todos los objetos se elevaron y estrellaron contra las paredes de aquel lugar y todas las pequeñas ventanas reventaron a la vez dejando salir aún parte de ese descomunal impacto.
Tras esto Hialek se dejó caer de rodillas y permitió a un par de lágrimas salir sin saber estar seguro de por qué lo necesitaba. El niño descubrió entonces sus ojos y se acercó a Hialek. Le abrazo con suavidad y mientras le acariciaba los cabellos la imagen de Hialek desapareció.
Al verse, el pequeño, acompañado solo por la mayor, sonrío e inclusive dejó escapar una ligera risa nerviosa. La mayor entonces le devolvió una mirada totalmente opuesta a su severa apariencia anterior, de hecho, hasta parecía congeniar con el niño quien dudaba del cambio de actitud por parte de esa mujer que hasta hace un instante daba la impresión de mirarle con odio.

- ¿Me temes? - Dijo ella para romper el silencio.

El pequeño no estaba muy seguro de que decir, pero sabía que con un movimiento de cabeza igualmente podía dar respuesta. Y así lo hizo para asentir, lo cual sacó una ligera sonrisa del mayor.

- Igualmente formo parte de ti, somos uno. Y como la mayor y más racional debo protegerte – Agregó acercándose para situar su mano sobre el hombro del niño – No puedo ser un todo sin ti, ni tu puedes sin mí. Nuestra existencia representa un polo del ser de cualidades duales que Hialek es -

Las emociones eran cálidas y puras, pero temerosas y en desarrollo; su razón protectora, pero obsesiva, . Ambas entidades se habían presentado bajo un estado de alteración y por separado. Sin embargo, a pesar de saberse ambos perdidos, sabían que debían apoyarse mutuamente para lograr avanzar.

El niño se acercó entonces a la joven y con algo de temor le tomó de la mano, alzó con timidez la mirada para verle directo a los ojos y junto con ello arrojó una leve sonrisa como introducción a lo que quería expresar.

- Si lo que te mantiene tranquilo es avanzar con razones, entonces como tu hermano te apoyaré. Quizá no soy tan sabio como tú, soy aún inmaduro y la mayoría de las cosas no las entiendo, pero quiero que todo salga lo mejor posible. Quiero que seas feliz, así que confía en mí de vez en cuando, a veces es mejor solo dejarse llevar –

Dicho esto, el pequeño se trepo en la espalda de la joven apoyando su cabeza en los hombros del mayor. Juntos comenzaron entonces a caminar hacia la puerta. Con cada paso que daban, las cosas que iban dejando atrás se fueron reordenando y reparando para dejar todo intacto, tal cual como estaba antes de todo el incidente. Así como también se fueron reordenando las emociones en ambos chicos que poco a poco volvían a fusionarse para dar origen a la apariencia fusionada de mente y emoción, al ser completo, a Hialek.

- Ya veo… puedo no estar seguro de lo que siento ahora, pero sí tengo una noción y es que ella me importa. Me está dando la oportunidad de evolucionar incluso sabiendo que no soy capaz de elegir algo concreto en este momento. Me dice que actúe e intente, confía en que quizá así logre luego decidir – Sintiéndose algo tonto por pronunciar tales palabras prefabricadas que tantas veces había oído, solo se rió hacia su interior – La sangre que me cubre es la marca de este aprendizaje –

Al llegar a la puerta, esta se le abrió con suavidad. Frente a él estaba una vez más la chica, quien hacía estado esperando en la puerta. Esta simplemente le devolvió la chaqueta y luego le dejó pasar sin dirigirle palabra alguna, ni siquiera una mirada.

Hialek sabía que era el momento perfecto de explicarle lo que había aprendido, mostrar la intención neta de no generarle daño con mentiras pero sin ocultar su incapacidad de responder con verdad. Era un buen momento para pedir perdón por habérselo generado de igual forma con tan terrible silencio, pero sabiendo que salvo la expresión de un cierto afecto no lograría nada, por lo que se obligaría a actuar en el futuro próximo.

Pero le ganó la cobardía, en una última desgraciada decisión optó finalmente por simplemente irse, por aplazar la situación, por escapar de aquél lugar en otro desgraciado mutismo. La chica entonces simplemente lo dejó ir sumergiéndose en un dolor agónico, en más lágrimas.
Hialek avanzó un par de pasos sintiendose algo aliviado por comenzar a alejarse, pero a la vez patético por el rumbo que tomaban sus actos.
Un remordimiento le atacaba. Se detuvo de espaldas, hizo aparecer sus “dual daggers”, y las desenvainó. En cada una de ellas podía apreciarse el logo de la organización incrustado en el mango. Con una de las dagas quitó el logo de la otra. Entonces Hialek se giró, tomó la mano de la chica y dejó son suavidad el logo sobre la mano de ella, cerrándola con la suya.

Sus ojos cruzaron miradas por un instante, ella con ojos colorados y él con una mirada seria y perdida. Ninguno sonrío, pero ambos se sintieron más tranquilos al ver fijamente en los ojos del otro, sintieron por un instante que se conectaban, aunque sus almas no lograban expresarse nada.
Hialek la rodeó con los brazos y ella le respondió cruzando los suyos por debajo de los de él y apoyando su cabeza sobre su pecho.
Tras un rato, se soltaron y Hialek emprendió rumbo, desconocido, pero lejos de ella. Apenas se soltaron se extrañaron, ambos deseaban abrazarse de nuevo pero ambos eran, también, novatos y ninguno se atrevió a pedir más. Las dagas se desvanecieron en una suerte de cenizas negras que desaparecieron arrastradas por el aire, marcando una estela sobre la cual Hialek también se desvaneció desapareciendo de igual forma.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Shikai - Capitulo 2

Este capitulo habla una vez más sobre dos chicos de los cuales no se mencionan nombres pero que si denotan personalidades y particularidades muy marcadas. Relata la amistad que hay entre ellos a la vez que expresa lo complejas que pueden ser las relaciones (Algo de mi visión también, claro está). Y el encuentro que tienen con la sustancia negra.

En comparación a la relación entre Hialek e Imation, entre estos dos hay más seriedad y un toque de dramatismo, por lo que considero que el capítulo no es lo suficientemente dinámico, pero espero que aún así no los aburra. De todas formas los comentarios y críticas serán bien recibidos para mejorar todas estas versiones que aún considero borradores.

Que lo disfruten!

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El mediodía había pasado hace varias horas. El sol golpeaba con fuerza sobre las persianas de una habitación que absorbía el calor potenciando el hedor de quien aún no levanta. El departamento era todo suyo, o lo era durante cada sábado hasta bastante tarde. Todos salían temprano por la mañana, demasiado temprano como para sentirse bien despertando a quien duerme con tanto gusto. A veces le molestaba el calor o el olor y sin realmente despertar, sonámbulo, se levantaba, abría la ventana y volvía para continuar el sueño.

Cuando alguien le llamaba vago, se defendía diciendo que era su único día de descanso. De lunes a viernes tenía largas jornadas de estudios. La verdad, las mismas que todo el resto, quizá un par de horas más. Y el domingo se consideraba un día familiar, por lo que todos estaban en pie desde temprano y le hacían levantarse a la misma hora.

Rara vez andaba huraño o irritable, pero por alguna razón sus ánimos nunca duraban demasiado a menos que alguien le potenciara. Era como aceite. De movimiento aletargado, transparente pero opacado y principalmente inflamable, con solo una chispa podía provocar un incendio. Ese mismo fuego podía usarlo para mostrarse enérgico unas cuantas horas, lo que significaba que se dormiría temprano, o bien para mantenerse con un ímpetu irrevocable al defender lo que consideraba importante. Sin embargo, para decidir qué cosa le era importante tenía una gran cantidad de condiciones y una vez alcanzada esa importancia, tenía otras para mantenerse a ese nivel. Acceder a su lista de protegidos era toda una proeza y sin conocerle bien, mantenerse lo era aún más.

A pesar de esa costumbre de levantarse tarde, de vez en cuando se levantaba antes para aprovechar la soledad y hacer lo que quisiera. Como era historia antigua, muchos bromeaban sobre las oportunidades y posibilidades que tenía al cruzar la pubertad. Lo cierto es que siempre le habían incomodado esos comentarios. Tenía cosas más interesantes y divertidas que hacer en ese tiempo, pero él mismo sabía que alguna vez debía darles la razón y con tan solo pensarlo se sentía presionado.

Realmente detestaba el sentirse obligado a hacer algo, no importa el ámbito donde estuviera la situación, su capricho de sentirse libre le era suficiente justificación como para dejar de lado un gusto, negarse a trabajar o destruir una amistad. Pero también sabía comunicarse bien, por lo que antes de lanzarse desenfrenadamente a tales actos, optaba por acercarse a la persona que consideraba fuente de tal atadura y decirle directamente que aquello le estaba molestando. Y tras una charla decidía el siguiente paso.

Fue así como desde hace un par de semanas atrás le había dicho a aquél amigo que dejaran de verse por un tiempo. Que cortaran comunicaciones para darse un espacio y así pensar un poco las cosas. Él mismo había dicho, también, que si algo de importancia ocurría y se necesitaban, se podía llamar de cualquier forma, pues seguían siendo amigos, solo se daban un ligero espacio para evitar un conflicto mayor. Y que de todas formas durante los fines de semana habría un instante en que hablarían muy ligera y resumidamente sobre cómo iban las cosas. Y una vez listos, saldrían juntos para restaurar todo oficialmente.

Ese era el día, no había arreglado cita, pero sabía que no podía haber demasiado problema pues el día anterior, él y su amigo, habían hablado y ambos estaban sin planes. Había programado el despertador, su teléfono y el televisor para que le despertaran temprano con un desfase de diez minutos cada uno, pero en su sueño había apagado todo, uno a uno cada decena de minutos y seguía acostado y durmiendo como si ese fuera realmente el plan.

Para la hora de almuerzo, el hambre le había ganado y su estómago le despertó. Se levantó con letargo, camino hasta el baño y se mojó el rostro. Luego alzó la mirada y por buen rato observó su cara aún dormida, sus cortos y negros cabellos y sus ojos marrón, aún pequeños, mirándole fijamente. Tras una rápida pasada al inodoro, dejó el agua de la ducha correr. Se desvistió y se mantuvo un rato inmóvil bajo el agua tibia, tal como le gustaba.

Finalmente salió, pasó las manos sobre el espejo empañado por el vapor y se quedó un rato observando su pálido torso desnudo. Se tapó con la toalla con la cual se había secado y se encerró en su cuarto como sintiendo vergüenza de que alguien lo viera, incluso sí mismo. Por la misma razón siempre se vestía rápido. Salvo por su familia y aquél amigo, no permitía que nadie viera siquiera su torso desnudo. En eso pensaba cuando se dio cuenta de que aquél era el día que tenía programado y ya era tardísimo. Ahí fue cuando saltó la chispa y el aceite ardió.

De un momento a otro su rostro cambió de expresión, se sintió vitalizado y enérgico. Sentía que era su responsabilidad la restauración, después de todo, él había pedido la distancia. Se terminó de vestir. Y mientras caminaba hacia la cocina para comer algo, enviaba un mensaje de texto preguntándole a su amigo si estaba libre para salir. En la espera salió y tendió su mojada toalla, calentó el almuerzo que siempre le dejaban para ese día y que devoraba en poco tiempo. Y entonces se detuvo, miró su teléfono y vio que no había respuesta. Era extraño que no respondiera de inmediato o al menos pronto, pero considerando que él también se había atrasado, decidió esperar un poco más. Dejó el teléfono sobre la mesa asegurándose de que el sonido de llamada estuviera al máximo volumen y decidió ordenar su habitación. Al terminar había pasado cerca de una hora. Así que volvió a revisar si había respuesta y no la había. Ahora si estaba preocupado, así que decidió dejar de lado los mensajes y llamarle directamente, pero a pesar de los intentos este no respondió. Se preguntaba si estaría molesto por algo, pero había algo que no encajaba. Su amigo siempre le decía cuando había algo que no le agradaba y para él la comunicación era lo más importante. Algo debía estar mal si no respondía. Dio vueltas por la casa por varios minutos, su duda era si ir a verlo o no. Pensaba que era entrometido ir a verle sin avisar y además pudiendo, su amigo, tener problemas que no quisiera revelar. Pero por otra parte, sentía que si algo le hacía negarse incluso a contestarle al que llamaba mejor amigo, es porque era tan malo que necesitaría de apoyo. Finalmente sintió que la responsabilidad en la amistad era más fuerte que sus dudas. Y por último, si se equivocaba sería intentándolo en vez de estando ausente.

Tomó algo de dinero, las llaves de su departamento y se dirigió hasta la casa de su amigo. El viaje no era corto, pero no era desagradable o tedioso. Al llegar, aún quedaban algunas horas para el atardecer. Observó por un momento desde fuera la casa, lo volvieron a invadir todas las dudas, pero al recordar lo que había pensado: “Mejor intentar que estar ausente”. Juntó valor para tocar el timbre. Nadie respondió, nadie abrió. Sin embargo, el portón a la calle estaba abierto y decidió entrar. Tocó, entonces, directamente la puerta de la casa, pero nadie respondió. Decidió entonces caminar hasta el jardín trasero y ver si había alguien en la habitación de su amigo que quedaba en el segundo piso. Y para su sorpresa, la ventana estaba completamente abierta, aunque el silencio en toda la casa era rotundo.

Se imagino entonces que estaría solo y no quería hablar con nadie. Pero al escuchar un golpe al interior su idea se volvió más dramática y uniendo pistas concluyó que le estaban robando a su amigo. Tomó entonces una escoba a la vista y con ella en la mano trepó hasta la ventana abierta. Se asomó con cuidado, pero no había nadie a la vista. Entró entonces a la habitación y se apoyó con rapidez contra la pared junto a la puerta como solían hacer todos los que actuaban como hombres de acción. Observó con precaución los alrededores, pero no se divisaba a nadie. Aunque no pasó desapercibida una extraña marca en la baranda de la escalera. Un ligero rastro de color negro, como un gran escupitajo que goteaba ligera y viscosamente. Fue revisando habitación por habitación, pero todo estaba vacío. Luego bajó las escaleras con tanto sigilo como pudo y repitió el proceso en todo el primer piso. Finalmente juntó valor una vez más y a toda voz preguntó varias veces y había alguien, pero nadie respondió y tampoco se escuchó movimiento. La casa estaba sola. Dejó entonces la escoba a un lado, pasó al baño a refrescarse mojándose el sudado rostro. Fue a la cocina por un poco de jugo y apenas terminó de beber escuchó como alguien intentaba entrar por la puerta principal. Entonces tomó la escoba una vez más y se preparó para atacar.

Tan pronto se abrió la puerta, impulsivamente, atacó a quien entraba. El visitante debía tener muy buenos reflejos, pues el golpe no pudo acertarle con el salto hacia atrás que había dado y tampoco pudo acertarle el segundo golpe de estocada que esquivo arqueando ligeramente su cuerpo. No fue hasta ese momento que el ataque cesó, pues fue ahí cuando notó que la persona que entraba era su amigo. Sin embargo, había algo diferente en él. Este solía mostrarse alegre o al menos siempre parecía estar a gusto con su presencia. Y esta vez le miraba como si supiera que tenían que decirse adiós para siempre. Además vestía con una chaqueta de cuello alto y completamente negra, que aunque solía ser uno de los colores que más usaba, no era de su estilo, le cubría la boca y en sus bolsillos ocultaba las manos con las cuales tanto gesticulaba.

- ¿Qué haces aquí? – Fue lo único que preguntó con un tono tan frío como su mirada

- Venía a verte. Te mandé varios mensajes y luego te llamé, pero como no respondías ni contestabas me preocupé y… - Respondió sin poder terminar.

- Recibí tu mensaje, pero… - Un tenso silencio se mantuvo, durante el cual entraron cerrando la puerta y fueron hasta la sala de estar – No estoy seguro de que sea un buen momento para retomar todo el contacto -.

- ¿Me estás dando el corte? ¿Quieres que dejemos de hablar por siempre? –

El incómodo ambiente que se había formado, la mirada fría en los ojos de aquél amigo que solía mostrarse cálido y acogedor. El tono dramático de la conversación que le recordaba a las escenas de parejas en conflicto. Todo tensaba aún más la situación.

- ¿Por qué? – Agregó tras el rato de silencio que había quedado como respuesta, pero al cual solo le siguió otro silencio más - ¿Qué hice mal? -.

- ¿Quién ha dicho que no quiero hablarte más? – Una ligera sonrisa se asomó por sobre el cuello de su chaqueta – A pesar de los cambios que puedes apreciar, sigo siendo yo y tú sigues siendo mi mejor amigo. La verdad, lo que temo es que seas tú quien no pueda aceptar el cambio -.

- Pero, para decidir eso al menos debes dejarme intentarlo -.

- Supongo que el solo hecho de que estés aquí hoy, buscándome a pesar de mis actos, demuestra que entre nosotros hay una conexión especial, sólida. Y que puedo confiar en ti -.

A esto le siguió una reconciliación por este pequeño asunto, una charla sobre como restaurar comunicación y algunos acuerdos y ajustes sobre lo que antes molestaba y que ahora debía darse por superado o al menos en proceso a ello. Lo siguiente fue ponerse al día sobre la situación en la vida de cada uno, mientras preparaban una improvisada merienda.

- Ya veo, así fue como entraste. Pero es extraño, estoy seguro de que cerré todo antes de salir -.

- Quizá tus padres… -.

- No, ellos no vuelven hasta mañana. Y no parece que falte nada de valor, así que tampoco creo que hayan sido ladrones -. Interrumpió el chico, sacando sus manos de la chaqueta para gesticular

- Ahora que lo pienso, había una cosa extraña… -

Sin terminar la frase el chico se levantó de la mesa y caminó hasta la baranda de la escalera. Su amigo le siguió de inmediato y en silencio observó lo que el chico apuntaba. Se miraron extrañados, teorizaron sobre lo que podía ser. Claramente no era pintura, no tenía olor pero si lucía muy desagradable. El chico se acercó entonces e intentó tomar un poco de aquella sustancia con el dedo.
Tan pronto como hizo contacto, sintió como su cabeza retumbaba. Se asustó y atribuyó todo a que la sustancia era tóxica o radioactiva y comenzó a gritar con desesperación que iba a morir. Su amigo creyendo que se trataba de un juego, solo se reía ligeramente y observaba como el chico intentaba limpiarse con la pared. Contra lo cual protestó, pero no fue escuchado. Viendo la expresión de pánico en la cara del chico, recién se dio cuenta de que hablaba en serio. Se quitó entonces la chaqueta, tomó la mano manchada e intento limpiarla con ella. Sin embargo, no había forma de quitárselo del dedo y había comenzado a expandirse por su mano. Poco a poco, el chico, fue perdiendo fuerza, se mareó y tras apoyarse a duras penas en la muralla, cayó rendido al piso, pudiendo sentir un gran calor extendiéndose por su brazo. Una borrosa imagen se presentó ante él, su amigo también había tomado un poco de aquella sustancia con su dedo. Intentó gritarle que estaba loco y que no lo hiciera, pero la voz no le salía. Lo último que vio antes de caer en la inconsciencia fue a su amigo observándole de pie y dejando entrever una sonrisa.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Shikai - Capítulo 1

Este capítulo introduce a otro personaje, Imation, del cual si se cuenta la relación con Hialek y se dan algunos detalles personales entre ambos, pero no se menciona su posición en la organización. Se desarrolla un poco más la personalidad de Hialek y se muestra el aporte que Imation hace a ese aspecto. Además pone sobre la mesa algunos aspectos del Shikai y su forma de operar. Y también el enfoque y sucesos sobre los cuales trabaja.

Es una revelación parcial.

Sin más preámbulo, la primera versión del primer capítulo (Todo es modificable, pero esta es la primera versión definitiva)

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Casi no importaba la distancia que tuviera que cruzar, ni los obstáculos que se le fueran presentando. Su fornido cuerpo y gran altura le permitía abrirse paso ante todo, excepto la gente, pero esta intimidada le abría el paso sin queja alguna. Su mirada severa no era reflejo de su benevolente actuar. Era algo impulsivo en sus acciones y por eso muchas veces terminaba destruyendo la mitad de las cosas a su paso e incluso parte de sus sueños, pero siempre llegaba a la meta o al objetivo que se imponía.

Su cabellera era su orgullo, no tenía realmente algo que la hiciera especial, pero solía hacerse varias trenzas y unirlas con una más larga que todas las demás a modo de cinta. Y luego estaba su gran fuerza. Era raro ver que llevara consigo algún arma, si las cargaba era principalmente por algo casi reglamentario y siempre eran las mismas, un par de manoplas.

Tenía una gran colección de ellas, en distintos colores y tamaños. Nadie sabía con certeza si tenía un lugar especial para guardarlas o las obtenía conforme fuera su gusto o capricho.

Generalmente era hombre de pocas palabras, solo con un par de personas solía explayarse y mostrar un lado bastante profundo, gustoso de usar palabras casi poéticas, aunque casi siempre enfocadas a hablar de amor y las penas que este suele traer. Era un romántico oculto bajo una enorme cantidad de carne, o así es como sus más cercanos solían referirse con un cierto tono de gracia y a él no le molestaba, por el contrario, era casi, casi, un cumplido.

Ni él mismo estaba muy seguro de cómo había llegado a unirse a la organización, cuanto llevaba o como había alcanzado su actual estado. Podía recordar ciertas cosas muy vagamente, sabía que no era una laguna mental generada por algún accidente o suceso traumático, simplemente tenía mala memoria y en alguna parte dejó de importarle recordarlo. Sin embargo, había alguien muy cercano que siempre podía relatarle algunas partes de su vida y como paga, él podía hacer lo mismo, ya que conocía a esa persona, a veces creía, mejor que a sí mismo. Esa persona, era Hialek.

Hialek siempre se mostraba sociable y protector con la gente que le rodeaba, sin embargo, aunque parecía disfrutar enormemente con la compañía, era más frecuente encontrarlo solo y observando como los demás se relacionaban o simplemente caminando con la mirada casi perdida por estar sumergido en algún pensamiento.

Pero este no era el caso, se encontraba rodeado de gente, participando en una charla, sin sentido profundo, con gente con el tipo de esencia que le hacía utilizar ropas normales y desintegrar sus dagas.

Cuando un miembro del Shikai no tenía la necesidad de revelarse por algún estado considerado de emergencia o importancia, debía mostrarse como una persona cualquiera y no podía revelar información respecto a la organización, sus planes, habilidades o posiciones, todo era considerado restringido.

A pesar de estar distraído con la charla, Hialek, notó de inmediato la presencia de tan enorme personaje. Se disculpó con los presentes, tomó sus cosas, las echó con mucha calma en su bolso y tras una informal despedida general se dirigió hasta la puerta donde le esperaban.

- Hialek venía a… - Con un sorpresivo movimiento Hialek le silenció.

- No puedes llamarme por ese nombre y lo sabes. ¿Qué harías si alguien descubriera que Imation es tu nombre? – Le dijo luego, algo molesto.

- Pues hacerme famoso – Tras una carcajada estruendosa se puso serio – Creo que te tomas demasiado en serio las normas, relájate. Seguro que nadie escucho nada y siempre puede pasar por un error o confusión -.

Hialek sabía que tenía razón, así que cerró por un momento los ojos, respiró profundo y dejó que la calma se dejara sentir en su cuerpo. Luego emprendió rumbo hacia ningún lugar en una caminata a la cual, Imation, se integró casi inconscientemente. A Hialek parecía pesarle el bolso, o eso fue lo que Imation pensó, por lo cual en otro gesto no razonado lo tomó de las manos de Hialek y lo cargó sin dificultad alguna. Si bien era cierto que las habilidades tampoco podían ser exhibidas en lo general, Imation poseía por sí mismo una buena fuerza física.

- ¿Por qué has venido a verme? – Preguntó tras un rato, Hialek, con el mismo aspecto casi inseguro que mostraba en los discursos.

- ¿Acaso no estás contento de que venga por ti? – Respondió con una sonrisa que daba un tono algo sarcástico a su frase. Sabía que no era así y por eso no esperaba respuesta.

- Estábamos algo perdidos, comenzaba a preocuparme. Quizá estabas enojado o algo peor, pensé –

- Piensas demasiado. Por suerte eso, en tu caso, no te impide actuar. Pero seguro podrías hacer más cosas de las que haces si te relajaras más –

- No estoy para esto ahora. Ya me has reprochado por eso antes y no eres el único además –

- Será por algo, ¿no crees? Quizá deberías escuchar con mayor detención lo que dicen de ti en vez de solo escuchar cuando otros necesitan de tu ayuda. Piensa un poco en ti –

Hialek no dijo palabra alguna tras eso. Ya había escuchado eso muchas veces y le había dado muchas vueltas, había mutado ese pensamiento en cientos de dudas, en nuevas formas y actitudes. Había cambiado su personalidad y algunas costumbres basado solo en esa idea.

- No recuerdo la última vez que pudimos salir de esta forma – Dijo tras un rato, Hialek, rompiendo el silencio con un nuevo tema.

- Si no recuerdas tú, menos yo – Dijo casi de inmediato, Imation, agregando su estruendosa risa.

- Siempre que se reclutan nuevos miembros las cosas parecen calmarse –

-Entonces deberíamos hacerlo más seguido y así tomarnos una vacaciones –

El comentario no parecía hacerle gracia a Hialek que no cambiaba su seria expresión, pero eso no opacaba la constante energía que Imation transmitía ni su deseo de intentar sacar una sonrisa del rostro de su amigo. Siempre que Hialek andaba así, lo tomaba como un desafío, aunque a veces eso mismo irritaba más a su objetivo.

- En realidad no es una mala idea – Agregó, Hialek, tras un rato exponiendo una ligera sonrisa – Ojalá fuera así de fácil -.

- Sí, ojalá – Ahora era Imation quien por un instante parecía algo melancólico, pero ninguno de los dos parecía desanimado. Por el contrario, casi de inmediato ambos se miraron y sonrieron.

Así caminaron por buen rato, sin rumbo. Hialek a pesar de no mostrar gran fuerza física, tenía una muy buena resistencia y adoraba las caminatas e Imation no tenía problema en acompañarle a donde quisiera si tenía tiempo. Vagaron por horas por las calles del centro de esa enorme ciudad donde vivían. Una ciudad como cualquiera. Calles amplias con muchos vehículos y buses circulando continuamente por calles con uno que otro bache, los infaltables papeles arrojados al piso por aquellos que ignorando la cultura cívica utilizan el piso como basurero, con tiendas o edificios de diversa índole a cada lado de la calle y una suerte de plaza con paseo entre ambas pistas que se dirigían una en cada sentido.

La zona por donde caminaban tenía edificios, pero no demasiado altos, era una zona en progreso y la altura rara vez excedía los cuatro pisos. Y además en su mayoría eran comerciales u oficinas de poco renombre. Estaban, por así decirlo, en una zona de suburbios emergentes.

El cielo, que durante el día se mostraba de un color azul algo opacado por el gris típico del smog de la ciudad. Estaba teñido, casi totalmente de naranja. Estaba oscureciendo y el hambre comenzó a hacerse notar. Entonces, Hialek, pidió su bolso a Imation, este lo extendió hacia él para que pudiera sacar lo que buscaba, algo de dinero con el cual Hialek pensaba invitar a una rápida comida o más bien, comida rápida.

Se sentaron en una mesa puesta modestamente en el paseo peatonal hacia la calle e Imation entró a ordenar lo acordado. Abrió la puerta de vidrio polarizado y desapareció en el interior. Hialek aprovecho de cerrar los ojos y reclinarse ligeramente en su silla. Tras un rato abrió los ojos y miró hacia el cielo. Una ráfaga de viento relajó un poco su expresión, como si hubiese volado alguna de sus preocupaciones y, entonces, se quedó mirando casi embobado el pasar de la gente y los vehículos.

No salió de ese estado ni siquiera con un fuerte estruendo que agitó los vasos sobre las mesas e hizo vibrar los vidrios de todos los ventanales cercanos. Una combinación de voces hacía notar que había impresión respecto a algo. Imation apareció de pronto desde el local y buscó con la mirada a Hialek.

- ¿Qué ha sido eso? – Pero este no respondió ni devolvió la mirada. Entonces se acercó y le sacó del trance - ¿Qué ocurrió? –

- No lo sé, debió ser una explosión por fuga de gas o algo así. No es nuestro problema, para eso están los bomberos – Dijo reponiéndose tras un momento.

- Deberíamos ir a ver si podemos ayudar en algo –

- No es nuestro trabajo, estamos descansando y vamos a comer –

- A veces no sé si eres solidario o egoísta, eres contradictorio y eso a veces me irrita – Respondió entonces Imation, quien había perdido su sonrisa y ahora parecía molesto.

- Lo siento. Aún así, no podemos interferir demasiado en la vida de la gente, no podemos negar el curso del destino. Estamos para otras tareas y si no fuera por ellas, nada de lo que tenemos existiría realmente –

Entonces Imation se sentó junto a Hialek y golpeó con un enfadado puño la mesa. Hialek solo observó en silencio, con, quizá, demasiada frialdad. Sin embargo, entendía a Imation, le conocía y sabía que siempre estaba deseoso de ayudar.

- Pero, ya sabes. A veces aparece alguien heroico de entre la gente y comienza a realizar actos que parecen dotados de un poder divino – Agregó Hialek, arrojando una ligera y pícara sonrisa hacia Imation.

Este sonrió de vuelta, se puso de pie y comenzó a correr en dirección hacia la explosión y la enorme nube negra de humo que se elevaba hacia los cielos. Mucha gente corría en dirección contraria y gritaba con los nuevos estruendos que comenzaban a sentirse como replicas de un terremoto, pero que no parecían ser respuesta de nuevas explosiones.

Al llegar, Imation observó algo inusual. Del edificio se derramaba una buena cantidad de un espeso líquido negro que se esparcía por las calles. Ignorando la rareza de este hecho, decidió entrar al edificio a buscar por gente que pudiera estar herida o en apuros. Derribo con facilidad todas las puertas y con rapidez notó un segundo extraño hecho. Aunque había un enorme agujero en el frontis del edificio, no había señales de fuego o explosiones en ninguna habitación. Sin embargo, si se topó con objetos que parecían haber cruzado por fuertes llamas, pero que estaban fuera del rango de lo que podría explicarse como un disparo de algo o incluso algo tan disparatado como un rayo alienígena. Toda teoría era posible. O así pensaba Imation.

Tampoco encontró gente, no había nadie, ni heridos o muertos. Decidió entonces salir del edificio y buscar algún testigo. Pero cuando comenzó a bajar las escaleras, comenzó a sentirse mareado, decidió entonces bajar las escaleras de un solo salto y así lo hizo, pero el mareo se intensificó y antes de llegar a la puerta, perdió el conocimiento y comenzó a sentir que su cuerpo estaba quemándose. Entre lo que parecía una ilusión, vio como su cuerpo comenzaba a derretirse y volverse el mismo líquido negro que había visto antes de entrar. Su cuerpo estaba en parálisis y no salía siquiera voz de su garganta para gritar. Perdió el conocimiento.

Al abrir los ojos, se vio recostado en una camilla frente a una ambulancia. Hialek estaba de pie y de espaldas cerca a él, vestido con su traje personal de la organización y con sus renombradas dagas, conocidas como “dual daggers” en la parte posterior de su cintura de modo que pudiera sacarlas rápidamente en combate. El edificio estaba en ruinas y cubierto de fuego contra el cual los bomberos luchaban por apagar. Imation se sentó a gran velocidad, siempre ignoraba los conductos regulares de la medicina como el reposo y la recuperación gradual.

- ¿Qué ha pasado? –

- Resultó que sí era un trabajo para la organización – Fue todo lo que respondió – Vámonos, no hay más que hacer aquí, ya le expliqué todo a los oficiales, ellos harán el resto –

Dicho esto, Imation se puso de pie. Observó que su cuerpo estaba en perfectas condiciones, pero al ver el piso lleno de ese líquido negro, ahora diluido en litros de agua que intentaban apagar el fuego, podía saber que lo que había pasado no había sido un sueño o una ilusión.

- Hialek… -

- No es momento de hablar. Vámonos de una vez –

Entonces en una ráfaga de aire luminoso, Hialek, fue envuelto y sus ropas comenzaron a cambiar gradualmente hasta ser las de antes, cuando solo estaban caminando. Sus dagas se desvanecieron y en su lugar volvió a aparecer el bolso que antes llevaba e Imation había cargado.

En silencio volvieron hasta la mesa donde les esperaba su comida ya fría. Tendrían que ordenar otra vez. Así solía pasar.