Aún puedo recordar la risita de mi hermano cuando, tirado en el piso, le observaba haciendo alguno de esos tantos dibujos que me regalaba y aún guardo en mi caja de recuerdos.
Recuerdo la sensación de su mano tomando la mía cuando tenía que salir y él quería acompañarme. El olor de sus cabellos cuando acariciaba su cabeza y las tantas veces que me arrodillé para poder hablarle de frente y decirle que debía quedarse. Sus ojitos llorosos cuando sabía que le iba a dejar. Lo apretado que sentía el pecho cada vez que le dejaba.
Recuerdo la expresión de calma que adquiría cuando durante las noches le acompañaba hasta que se durmiera para protegerle de los monstruos que le acechaban. Su respiración agitada que al despertar de la pesadilla se transformaba en mi nombre.
Recuerdo su expresión de alivio cuando aparecía en el momento justo. Su suave voz diciendome "gracias" y la cálida sensación de sus bracitos rodeandome en un abrazo imposible de replicar.
Recuerdo sus ataques de risa cuando aprendió a llamarme por telefono, escribirme mensajes y a usar el computador para chatear conmigo. Y lo feliz que me sentí de ver que me buscaba por todos esos medios, que me quería.
Recuerdo su energía cuando insistía en que saliera a jugar con él. Cuando no quería jugar con nadie más que su hermano.
Recuerdo su insistencia en que nos metieramos juntos a la ducha. Y su imitada voz de hombre grande al decir que eso "era cosa de solo hombres".
Recuerdo su cariño cuando me despertaba temprano con un desayuno preparado por él: Frutas mal picadas, un café frío y unas tostadas quemadas. Y el sentir su cuerpecito helado cuando con una sonrisa se acostaba junto a mi para ver como gustoso comía lo que me había preparado con tanta dedicación.
Recuerdo las tardes viendo televisión juntos.
Recuerdo nuestras charlas.
Recuerdo sus secretos.
Lo recuerdo...
¿Puede ser?
¿O lo es?
En algún momento lo perdí... no puedo recordar dónde... no puedo recordar quien me lo arrebató... solo sé que lo sigo buscando. Y que si encuentro al culpable la pagará.
¿Dónde estás, hermano? ¿Que han hecho contigo? No importa lo que tenga que hacer o cuanto deba arriesgar mi vida... te encontraré. Volveremos a estar juntos...
Nunca romperé la promesa que te hice, hermano...
"Juntos por siempre..."
Un niño perdido en el tiempo... Un adulto que no quiere ver... Ambos atrapados en un mismo ser...
domingo, 1 de agosto de 2010
sábado, 17 de julio de 2010
Actualizaciones proximas
Mil millones de disculpas mis lectores. No he tenido suficiente tiempo como para hacer mis ociosidades típicas y al mismo tiempo terminar de editar los capitulos del shikai que les debo. Ya tengo 2 capitulos preparados, pero quiero ajustar algunos detalles antes de mostrarlos. Así como también preparo un cambio para el blog y el shikai que cuando ya me encuentre libre de pruebas y examenes pienso avanzar con rapidez.
Gracias por su apoyo y por seguir esta historia y mis textos en general.
Abrazos para ustedes ;)
Gracias por su apoyo y por seguir esta historia y mis textos en general.
Abrazos para ustedes ;)
domingo, 4 de abril de 2010
Amigos
Tantas tardes, bajo esos árboles, dos amigos compartieron minutos de sus vidas juntos. Tantos cielos vieron como juntos llegaban entre risas y se sentaban en el césped para conversar sobre sus vidas, sobre lo que habían hecho el día anterior y planeaban para el siguiente. Para comentar sobre la bella chica con la que siempre coincidían haber visto. Compartir sus almuerzos traídos desde casa o recién comprados en mutuo acuerdo para intercambiarse la mitad y así comer de ambas cosas. Para echarse uno sobre las piernas del otro y mirar las nubes mientras cantaban juntos su última canción favorita o una que ya se había vuelto clásica. Para ayudarse en sus tareas o convertirse en el hombro de llantos del otro. Lugar que existió para observar sus peleas y como cada día que pasaban enojados visitaban el mismo lugar escondidos el uno del otro preguntándose cómo arreglar las cosas. Sentados solos y dejando escapar suspiros de desconsuelo, buscando explicaciones. Para ver como terminaban por toparse y entre lágrimas volvían a abrazarse y pedirse perdón, como se secaban mutuamente los rostros y se acariciaban los cabellos y entre risas recuperaban su amistad. Para jugar a las cartas, leer un libro o simplemente permanecer sentados y en silencio, acompañándose. Para celebrar el cumpleaños de cada uno y disfrutar de un pequeño pastel decorado con una velita que apagaban entre bromas. Para celebrar sus logros y sufrir juntos sus derrotas como si fueran propias. Para en ideas hacer del mundo un lugar mejor, para planificar su próxima salida o la próxima vez que uno iría a la casa del otro. Para dormir un rato lado a lado bajo el la sombra de los árboles o abrigarse juntos cuando había frío. Para aconsejarse y crecer. Reunidos para verse cambiar y crecer. Para alejarse y llorar al tener que decirse adiós. Ese adiós que creían imprescindible y que ambos hacían para estar seguro de lo único que era una tal, una seguridad: Hoy eres mi amigo y te quiero. Me despido de ti cada vez con un abrazo porque no sé si hay un mañana. Por eso volvemos aquí, para ver que ambos somos afortunados de tenernos un día más, para poder hacer todo lo que cada día hacemos. Y si nos peleamos lo haré igual pues no soy capaz de decir “para mañana, mejor” sin saber si tendré esa oportunidad de decir todo lo que significas para mí.
No dejes las cosas para mañana… no sabes si tienes la oportunidad.
Arregla tus conflictos con rapidez, di lo que sientes cuando lo sepas y siempre despídete de la gente a tu alrededor, podrías no tener otra oportunidad…
No dejes las cosas para mañana… no sabes si tienes la oportunidad.
Arregla tus conflictos con rapidez, di lo que sientes cuando lo sepas y siempre despídete de la gente a tu alrededor, podrías no tener otra oportunidad…
martes, 30 de marzo de 2010
Dependencia ~ Reflexión de Psicología

¿En qué punto la dependencia roza con la obsesión?
Es dificil decir, pues por un lado una buena presencia y una constante actividad forman parte de una relación de alta calidad.
Por otra parte, buscar a la contraparte y tener pensamientos relacionados a ella, indican que el lazo se está construyendo bien. Y así se logra una confianza que poco a poco va revelando las emociones de cada uno.
Pero no todas las personas pueden soportar tal cantidad de actividad y afectos. E incluso las emociones cumplen la ley de inercia, es decir, si se tiene algo, es imposible frenarlo sin efectos. Eso es lo que espanta... dar una mala impresión, temer dañar al otro y en el caso de la timidez y similares, el miedo a hacer el ridículo.
La capacidad de generar dependencia es todo un privilegio mientras se tenga control sobre ella. Una emoción o la carencia de ella pueden alterar la conexión y generar una dependencia exagerada que puede generar el temor en el otro.
Para suerte de las personas, el idioma es un don que sirve para solucionar tal tipo de problemas.
A base de eso pienso en algunas posibilidades que transforman la dependencia en un acto obsesivo.
Por una parte existe el trauma infantil o la carencia de alguna emoción en la infancia. Lo cual lleva a buscar en los demás a alguien que pueda suplir ese algo que se siente en falta. Generando una dependencia que obligará al otro a dar una atención que cae en el narcicismo. Esto se vuelve obsesivo si la persona dependiente se altera sin una atención constante a las emociones.
Una posible solución es el negociar con esa persona condicionantes para tal atención y una vez logrado, ayudarle a comprender que se van a apoyar mutuamente pero no pueden mantener una exclusividad pues hay más gente en la vida de cada uno.
Existen aquellos que temen al mundo y son inseguros de sí mismos. Generando una dependencia que obligará al otro a actuar como protector. Esto se vuelve obsesivo si la parte dependiente es incapaz de hacer cosas sin la persona que actua como protector.
Esta solución es más complicada resolverla por cuenta propia, pues de alguna forma hay que hacer que el protegido gane seguridad como para hacer cosas solo. Para ello podría ser una buena forma el acompañarle a hacer nuevos lazos y actividades que impliquen individualidad.
Otra posibilidad es que la carencia infantil se exprese a la inversa. Entonces la parte dependiente intenta hacer de los otros una suerte de hijos a los que protegerán con aprensión. Eso se vuelve obsesivo si la persona dependiente no quiere alejarse de la persona que actúa como hijo por miedo a que le pase algo mientras no se entera de lo que el otro hace.
Una posible solución es mantenerse cerca de la persona dependiente y haciendo cosas que impliquen un aparente riesgo, para luego tras una charla explicarle que son seres independientes que necesitan cada uno su espacio y que capaces de hacer cosas por sí solos, además de dejar en claro que los riesgos son una cosa común y no olvidar agradecer sus intenciones.
Probablemente habrá que repetir varias veces las cosas dichas, pues una dependencia no se rompe fácil (piensen en el enamoramiento que es un tipo de dependencia aceptada socialmente) y una obsesión puede ser tan fuerte que se transforme en un caso clínico.
Lo importante, sobretodo si se dicen amigos de la persona dependiente, es tener en claro que el abandono o la distancia repentina, aunque es lo más cómodo y para muchos la más sensata forma de proceder, generará en la persona afectada un daño de inesperadas y muy altas proporciones. Por ello, en medida de lo que sea posible como para no sacrificar demasiado la vida persona, un amigo intentaría hacerle entender y le apoyaría para que logre salir sin muchas penurias de los sentimientos obsesivos.
Hay que repetir también que el problema no es la dependencia, pues esta aparece como conector entre dos personas con una relación más allá del solo conocerse. El punto es el nivel de esa dependencia.
Las personas se buscan entre sí para contarse problemas o divertirse para olvidarlos por un momento, para liberar tensiones o compartir emociones, para tener algo de tacto (tocarse, abrazarse, etc es sumamente importante). Y así con una larga lista de infinitas posibilidades.
Todos somos dependientes, todos dependemos de otros en mayor o menor medida. O incluso de alguna actividad u objeto.
Lo importante es que la dependencia no se transforme en obsesión, no se vuelva enfermiza y aunque a veces pueda ser algo incómoda (cosa muy frecuente), no se vuelva algo molesto o dañino. Y para eso hay que saber actuar por uno mismo y por los demás.
Hay que ser solidario con uno mismo y con los demás.
Y no olvidar que la mejor forma de solucionar, es comunicar.
- - -
Gracias por leer, y por favor deje sus comentarios si los tiene.
Sean fuertes, pues este mundo al final es para quien pueda luchar.
martes, 16 de marzo de 2010
Niño sin esperanza
Esta corta historia nació de un deseo por escribir un relato que reflejara la importancia del tacto y contara una situación triste (debido a que es la música que escogí para escribir). Así como algunos escritores eligen un "algo" que siempre aparece en sus historias, yo tengo uno que es más que obvio, los niños.
Ojalá disfruten de esta historia... gracias por leer.
- - - - - - -
Regresando a casa desde mi trabajo me acomodé en aquél sofá que en su centro comenzaba a hundirse tras tantas tardes de permanecer ahí, inmóvil y solitario, sumergido en cientos de pensamientos muchas veces inconexos, pero que daban paso a un estado parecido a una catarsis que finalmente me llevaba a relajarme debido al cansancio que me provocaban.
Un golpe en mi puerta interrumpió el proceso. Decidí ignorarle, pero se convirtió en un golpeteo insistente sobre la humilde puerta que resguardaba mis pertenencias acomodadas en un modesto apartamento de la ciudad.
- Ya voy – Dije, levantándome con pereza.
Al abrir la puerta, observé a un niño que con mirada triste observaba al interior de mi departamento. Su cabello negro no brillaba, como tampoco lo hacía su mirada. Su contextura estaba dentro del promedio de los niños de su edad y su piel más bien oscura encajaba bien con sus rasgos.
De un momento a otro, entro sin ningún cuidado y corrió hasta el balcón. No tan intrigado como molesto cerré la puerta y me dirigí hacia él reclamando por su impertinente entrada.
- Se ha ido – Dijo con quebradiza voz, mirando al cielo – mi ave escapó –
Se apoyó unos instantes en la baranda y cerró los ojos para sentir al viento. Estaba oscureciendo, no había forma de buscar al ave a esas horas. Le observé durante largo rato, su cuerpo pequeño era atractivo en su inocencia. De pronto, se repuso y camino directo a la puerta, ahí se detuvo un instante y sin mirar expresó con voz débil y aún quebradiza un simple:
- Gracias – Y entonces abrió la puerta.
Antes de abrir la puerta, no pude evitar decirle que se quedara un rato más.
- ¿Por qué no me acompañas un rato? ¿Te gustaría un té o algo? – Entonces se detuvo y cerró la puerta – Quizá me equivoco y no debería decirlo, pero pareces un chico con muchos problemas –
Al decir estas palabras pensé que podría escapar temiendo una interrogación, pero en vez de eso, solo camino hasta el sofá y se sentó justo en el centro, en el agujero marcado, como si todo en él estuviera hecho para hundirle. Me sentí triste con solo verle, ¿es que acaso no podía hacer nada?
Me encaminé a la cocina y desde ahí me dispuse a preparar un par de tazas de té, pero luego pensé que quizá un niño preferiría otra cosa y entonces grité:
- ¿Estás bien con un té o preferirías otra cosa como una soda o quizá leche? –
- Leche caliente estaría bien – Me respondió con suavidad.
Me sonreí con la idea, ¿cómo no se me había ocurrido ofrecer leche antes?
- ¿Cuánta azúcar? –
- Dos cucharadas están bien –
Me dijo mientras yo pensaba en lo dulce que quedaría, pero estaba bien para un niño, pensé luego.
Al tener todo listo, caminé de vuelta junto con él y le estiré la taza con leche, para luego sentarme a su lado.
Mientras bebíamos, no intercambiamos muchas palabras, solo mencionó su nombre y me comentó algo sobre el ave que había escapado.
Finalmente oscureció y se marchó, vivía en el mismo edificio, por lo que no me preocupé demasiado porque volviera a salvo.
- Gracias por la leche – Fue lo último que dijo antes de partir.
Al día siguiente, mientras trabajaba, varias veces recordé al pequeño y me sentía triste de no haber podido hacer nada por ayudarle más. Sin duda estaba muy apenado, pero también estaba seguro de que no era solo por el ave.
- Mi madre falleció hace poco más de un año –
Fue lo que me contó, al aparecerse ante mi puerta, una vez más, ese día. Le dejé entrar y volví a servirle la taza de leche con dos de azúcar. Poco a poco fue contándome más cosas, siempre con un tono demasiado adulto, como si su infancia hubiese sido arrebatada de golpe.
- Desde entonces veo a mi padre salir cada mañana a trabajar antes de que me ponga en pie y regresa tarde por la noche a encerrarse en su cuarto a llorar… es triste –
- Has de sentirte muy solo durante el día – Dije intentando acercarme a su dolor.
- No me importa – Respondió.
Al decirlo, su mano tiritó y perdió fuerza, dejando caer tu leche encima. Como estaba caliente, en una rápida reacción me acerqué para quitarle la ropa empapada con líquido hirviendo. Sin embargo, esto generó su molestia y mientras alegaba que estaba bien, intentaba alejarme. Pero con mi insistencia al final se dejó quitar la empapada polera. Al hacerlo pude ver sobre su cuerpo diversas magulladuras.
- Arruiné tu sofá – Dijo, intentando desviar mi atención.
- Estas heridas. ¿Acaso tu padre…? –
- No es nada, no me importa. Incluso siendo golpeado… verle llorando y llorando, como si hubiera olvidado mi existencia, sin mirarme siquiera… es triste… - Se interrumpió un segundo – Contra algo así, estas heridas no son nada para mí –
En ese momento lo abracé, cerrando mis ojos. Quise transmitir hacia él, todo el calor que a nadie le había dado antes. Lo senté sobre mí y con suavidad besé sus mejillas y acaricié sus cabellos opacos. Estuve así, abrazándole hasta que cubierto su rostro de lágrimas se quedó dormido.
Me levanté, entonces, tomándole en brazos y llevándolo hasta mi cama, en donde le dejé dormir plácidamente durante varias horas.
En la espera, decidí salir a mirar por el balcón el anochecer, dejar que el viento me acariciara. A mirar hacia el cielo para clamar hacia un Dios que parecía no tenerle piedad al pequeño que dormía en mi apartamento. Sentí que lágrimas querían salir de mí, pero me contuve. Es cierto, pensaba, quizá el sentimiento que me conectó al inicio fue la lástima, pero no quería que la lástima fuera mi conexión con él.
La noche comenzó a enfriar, entré al apartamento y fui hasta el sofá, sentado en el agujero, me dormí. Al despertar, aún era de noche. Y el pequeño estaba sentado junto a mí, con la cabeza apoyada sobre mi hombro y con el cobertor de la cama sobre ambos. Esbozaba una pequeña sonrisa, casi imperceptible, pero una sonrisa.
Me quedé observándole tan fijamente, que no percibí el paso del tiempo. Finalmente despertó y le abracé una vez más, a lo que respondió de igual forma.
- Para ser sincero… siempre quise que alguien me tocara tiernamente –
¿De verdad creía no ser digno de que alguien le tocara cariñosamente? Era el terrible pensamiento que recorría mi mente. Pero al menos, había logrado hacer algo.
- ¿Puedo regresar alguna vez? – Preguntó con cierta timidez al ponerse una de mis viejas camisas y partir.
- Tonto, siempre que quieras. Ten cuidado regresando a tu apartamento. Buenas noches –
El solo avanzó unos pasos, luego volteó y tímidamente agitó su mano en señal de despedida. En sus ojos había un ligero indicio de luz, e incluso sus cabellos parecían más brillantes. Finalmente cerré la puerta y no me alejé de ella por largo rato. Yo también deseaba que regresara alguna vez.
Ojalá disfruten de esta historia... gracias por leer.
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Regresando a casa desde mi trabajo me acomodé en aquél sofá que en su centro comenzaba a hundirse tras tantas tardes de permanecer ahí, inmóvil y solitario, sumergido en cientos de pensamientos muchas veces inconexos, pero que daban paso a un estado parecido a una catarsis que finalmente me llevaba a relajarme debido al cansancio que me provocaban.
Un golpe en mi puerta interrumpió el proceso. Decidí ignorarle, pero se convirtió en un golpeteo insistente sobre la humilde puerta que resguardaba mis pertenencias acomodadas en un modesto apartamento de la ciudad.
- Ya voy – Dije, levantándome con pereza.
Al abrir la puerta, observé a un niño que con mirada triste observaba al interior de mi departamento. Su cabello negro no brillaba, como tampoco lo hacía su mirada. Su contextura estaba dentro del promedio de los niños de su edad y su piel más bien oscura encajaba bien con sus rasgos.
De un momento a otro, entro sin ningún cuidado y corrió hasta el balcón. No tan intrigado como molesto cerré la puerta y me dirigí hacia él reclamando por su impertinente entrada.
- Se ha ido – Dijo con quebradiza voz, mirando al cielo – mi ave escapó –
Se apoyó unos instantes en la baranda y cerró los ojos para sentir al viento. Estaba oscureciendo, no había forma de buscar al ave a esas horas. Le observé durante largo rato, su cuerpo pequeño era atractivo en su inocencia. De pronto, se repuso y camino directo a la puerta, ahí se detuvo un instante y sin mirar expresó con voz débil y aún quebradiza un simple:
- Gracias – Y entonces abrió la puerta.
Antes de abrir la puerta, no pude evitar decirle que se quedara un rato más.
- ¿Por qué no me acompañas un rato? ¿Te gustaría un té o algo? – Entonces se detuvo y cerró la puerta – Quizá me equivoco y no debería decirlo, pero pareces un chico con muchos problemas –
Al decir estas palabras pensé que podría escapar temiendo una interrogación, pero en vez de eso, solo camino hasta el sofá y se sentó justo en el centro, en el agujero marcado, como si todo en él estuviera hecho para hundirle. Me sentí triste con solo verle, ¿es que acaso no podía hacer nada?
Me encaminé a la cocina y desde ahí me dispuse a preparar un par de tazas de té, pero luego pensé que quizá un niño preferiría otra cosa y entonces grité:
- ¿Estás bien con un té o preferirías otra cosa como una soda o quizá leche? –
- Leche caliente estaría bien – Me respondió con suavidad.
Me sonreí con la idea, ¿cómo no se me había ocurrido ofrecer leche antes?
- ¿Cuánta azúcar? –
- Dos cucharadas están bien –
Me dijo mientras yo pensaba en lo dulce que quedaría, pero estaba bien para un niño, pensé luego.
Al tener todo listo, caminé de vuelta junto con él y le estiré la taza con leche, para luego sentarme a su lado.
Mientras bebíamos, no intercambiamos muchas palabras, solo mencionó su nombre y me comentó algo sobre el ave que había escapado.
Finalmente oscureció y se marchó, vivía en el mismo edificio, por lo que no me preocupé demasiado porque volviera a salvo.
- Gracias por la leche – Fue lo último que dijo antes de partir.
Al día siguiente, mientras trabajaba, varias veces recordé al pequeño y me sentía triste de no haber podido hacer nada por ayudarle más. Sin duda estaba muy apenado, pero también estaba seguro de que no era solo por el ave.
- Mi madre falleció hace poco más de un año –
Fue lo que me contó, al aparecerse ante mi puerta, una vez más, ese día. Le dejé entrar y volví a servirle la taza de leche con dos de azúcar. Poco a poco fue contándome más cosas, siempre con un tono demasiado adulto, como si su infancia hubiese sido arrebatada de golpe.
- Desde entonces veo a mi padre salir cada mañana a trabajar antes de que me ponga en pie y regresa tarde por la noche a encerrarse en su cuarto a llorar… es triste –
- Has de sentirte muy solo durante el día – Dije intentando acercarme a su dolor.
- No me importa – Respondió.
Al decirlo, su mano tiritó y perdió fuerza, dejando caer tu leche encima. Como estaba caliente, en una rápida reacción me acerqué para quitarle la ropa empapada con líquido hirviendo. Sin embargo, esto generó su molestia y mientras alegaba que estaba bien, intentaba alejarme. Pero con mi insistencia al final se dejó quitar la empapada polera. Al hacerlo pude ver sobre su cuerpo diversas magulladuras.
- Arruiné tu sofá – Dijo, intentando desviar mi atención.
- Estas heridas. ¿Acaso tu padre…? –
- No es nada, no me importa. Incluso siendo golpeado… verle llorando y llorando, como si hubiera olvidado mi existencia, sin mirarme siquiera… es triste… - Se interrumpió un segundo – Contra algo así, estas heridas no son nada para mí –
En ese momento lo abracé, cerrando mis ojos. Quise transmitir hacia él, todo el calor que a nadie le había dado antes. Lo senté sobre mí y con suavidad besé sus mejillas y acaricié sus cabellos opacos. Estuve así, abrazándole hasta que cubierto su rostro de lágrimas se quedó dormido.
Me levanté, entonces, tomándole en brazos y llevándolo hasta mi cama, en donde le dejé dormir plácidamente durante varias horas.
En la espera, decidí salir a mirar por el balcón el anochecer, dejar que el viento me acariciara. A mirar hacia el cielo para clamar hacia un Dios que parecía no tenerle piedad al pequeño que dormía en mi apartamento. Sentí que lágrimas querían salir de mí, pero me contuve. Es cierto, pensaba, quizá el sentimiento que me conectó al inicio fue la lástima, pero no quería que la lástima fuera mi conexión con él.
La noche comenzó a enfriar, entré al apartamento y fui hasta el sofá, sentado en el agujero, me dormí. Al despertar, aún era de noche. Y el pequeño estaba sentado junto a mí, con la cabeza apoyada sobre mi hombro y con el cobertor de la cama sobre ambos. Esbozaba una pequeña sonrisa, casi imperceptible, pero una sonrisa.
Me quedé observándole tan fijamente, que no percibí el paso del tiempo. Finalmente despertó y le abracé una vez más, a lo que respondió de igual forma.
- Para ser sincero… siempre quise que alguien me tocara tiernamente –
¿De verdad creía no ser digno de que alguien le tocara cariñosamente? Era el terrible pensamiento que recorría mi mente. Pero al menos, había logrado hacer algo.
- ¿Puedo regresar alguna vez? – Preguntó con cierta timidez al ponerse una de mis viejas camisas y partir.
- Tonto, siempre que quieras. Ten cuidado regresando a tu apartamento. Buenas noches –
El solo avanzó unos pasos, luego volteó y tímidamente agitó su mano en señal de despedida. En sus ojos había un ligero indicio de luz, e incluso sus cabellos parecían más brillantes. Finalmente cerré la puerta y no me alejé de ella por largo rato. Yo también deseaba que regresara alguna vez.
sábado, 23 de enero de 2010
Shikai - Capitulo 5
Este capítulo habla sobre la naciente amistad entre un chico misterioso y de apariencia triste. Y otro explosivo y social que de pronto desea integrarlo a sus círculos (aunque al final se darán cuenta de que no es así como se ha mostrado). Me recuerda amistades y situaciones de mis propias relaciones. Quizá hasta algo puedan extraer para su vida diaria. Dedicado a mis amigos :3
- - -
Las calles eran iluminadas por cientos de largos hilos que colgaban por las calles como tendido eléctrico. Todo denotaba un ambiente de celebración, las decoraciones parecían navideñas con tantas luces multicolores parpadeando. Tantas, que abrir los ojos mirando directamente hacia ellas era todo un desafío. Por diversos altoparlantes, situados estratégicamente de modo que todos pudieran oír con claridad, se escuchaba alegre música en la que predominaba el acordeón como voz principal, dando un tono alegre y fino, como si se tratara de un tango o una balada francesa, un galo.
Por las calles andaban parejas abrazadas con calidez y grandes sonrisas, algunos con uno o varios pequeños que jugando alrededor corrían entre risas por las calles que habían sido cerradas para los vehículos para permitir un libre deambular de los visitantes, quienes podían detenerse en los diversos puestos de juegos o comida que habían sido instalados por las mismas personas que atendían y gritaban ofreciendo los productos o servicios que mostraban una gran dedicación y preparación para la ocasión. Ni un solo puesto mostraba precariedad por más modesta que fuera la oferta.
Todo opacaba aquél cielo oscuro, tan negro, que ni siquiera las brillantes estrellas lograban hacerse notar con su intensa luminosidad. Sin embargo, nadie notaba el extraño suceso y tampoco nada mostraba algo por lo que pudiese alguien preocuparse.
Entre toda la gente, un chico, el único que no sonreía avanzaba a paso lento. No miraba con odio o alegría. Llevaba en sus ojos una mirada y expresión neutral, aunque inquisidora, como si deseara comprar todo lo que veía, analizándolo todo en detalle, observando cada detalle. De esas personas que serían toda una amenaza para aquellos que intentan ocultar ese defecto en la piel o el agujerito en la ropa.
A su alrededor generaba una extraña sensación de amenaza y se observaba un extraño fenómeno: Los niños que corrían felices jugando con sus pares miraban con cierto temor y regresaban por donde venían o hacia sus padres. Los adultos, por otra parte, solo cruzaban arrojando una mirada de advertencia, como si detectaran innatamente una posible agresión hacia los que deseaban defender o a sí mismos.
Pero nunca falta quien es la excepción. Un niño de mirada inocente y de apariencia bastante débil se le acercó. Entonces, como solía hacer, el chico de mirada triste arrojó una ligera sonrisa buscando generar la simpatía que mostraba más naturalmente como defensa ante sus carencias y dudas, aunque sin saber el verdadero motivo por el cual lo hacía. El pequeño también le sonrío a ojos cerrados. Sin embargo, cuando cruzaron miradas, el pequeño cambió su sonrisa por una expresión de pánico y sin saber por qué golpeó al extraño chico y luego escapó, perdiéndose entre la gente.
- ¿Te has peleado con tu amigo? – Preguntó un chico de expresión alegre que apareció de la misma forma como apareció el pequeño, de entre la gente y de sorpresa.
Ante este pregunta el chico de mirada neutral comenzó su típico torbellino de ideas fugaces y respuestas inalcanzables. De alguna forma, era una defensa, pero también un problema para quién era su interlocutor quien no se sabía siquiera oído. Sin embargo, esto no parecía importarle demasiado al alegre muchacho.
- ¿No eres de muchas palabras, amigo? – Dijo notando que este título causaba una expresión de asombro que cambió la expresión neutral del chico – Bueno, supongo que puedes solucionar el problema luego, pero no tardes demasiado o podrías perderlo. Bueno, regreso con mis compañeros. ¡Diviértete! –
Tras decir esto, sacó la mano que permaneció durante todo ese rato en su bolsillo y la levantó, dando la espalda, a forma de despedida.
- Espera – Dijo a muy bajo volumen el chico volviendo a su mirada neutral. Lo cual hizo que el muchacho alegre girara la cabeza para escucharle.
- ¿Eh? ¿Necesitas algo? –
- No. Solo… - Dijo antes de caer en un silencio incomprensible.
Entonces el chico alegre se volteó completamente, avanzó lentamente hasta el chico temeroso, que ahora se veía algo nervioso, y le abrazó. El calor que transmitía era fuerte, por alguna razón generaba una sensación de protección y el chico lo sabía. Así como también sabía, por obviedad, que este chico de mirada atemorizada se sentía desprotegido.
- Yo… - Intentó decir entonces el chico abrazado.
- No es necesario decir nada en este momento, entre nosotros acaba de nacer un lazo que habrá que proteger, si tu también deseas hacerlo, claro. A ver… - El chico alegre se interrumpió, soltó al chico abrazado y metió su mano al bolsillo.
Tras indagar un poco en su bolsillo sacó un puñado de cosas, entre las que habían varias cosas bastante inútiles para la gente común: Una pequeña linterna, más pequeña que un dedo, un papel en blanco, una figurita de plástico, unas cuantas monedas y un celular. Esto hizo que del chico temeroso se escapara una pequeña risita. “Qué tipo más desordenado” fue lo que cruzó su mente. El chico alegre también dejó escapar una sonrisita mientras miraba en la pantalla de su celular.
- ¿Me das tu número de teléfono? Así podemos vernos otro día y conversar un rato para conocernos mejor. ¿Te parece una buena idea? –
El chico silencioso sacó entonces de su bolsillo su celular. Y le entregó el aparato al chico como forma de asentir. Entonces, el chico tomó el celular y comenzó a agregarse como contacto diciendo los números en voz alta. A su vez el silencioso muchacho repetía los números una y otra vez en su mente, memorizándolos. Tal acto causó, ahora, una risa en el alegre.
Entonces, sin ninguno buscar realmente hacerlo, ambos chicos cruzaron sus miradas, deteniéndose justo sobre los ojos del otro. El chico silencioso se mostró nervioso ante la situación, sabía lo que seguía y comenzó un ligero tiritar en sus manos, dejó por un instante de respirar. El chico alegre, por su parte, también dejó de respirar y se paralizó por un instante.
Un silencio incómodo llenó el ambiente, al menos esa fue la sensación en ambos. Todo desapareció entre ellos, como si todo se oscureciera dejando ante cada uno, solo la presencia del otro. Mentalmente, sin decir nada, ambos escucharon en sus mentes como si el otro preguntara: “¿Cuál es tu nombre?”. Y observaron un hilo luminoso que salía de uno, hasta conectar con el otro, un lazo entre ellos.
En un susurro ambos dijeron “estamos conectados”. Y al decirlo, todo pareció volver a la normalidad. Ninguno dijo nada, el chico alegre le devolvió el celular al chico de mirada neutral y tras poner una de sus manos en el hombro, al igual que la primera vez, levantó de espaldas una de sus manos y se alejó una vez más, pero esta vez, corriendo.
El chico de mirada neutral miro como ese nuevo amigo se alejaba a paso veloz, desapareciendo entre la gente. Y se sonrió. Bajo entonces la mirada hacia su mano. En su celular observó “Hialek :P”. Y bajo esa línea el número de teléfono del amigo que acababa de hacer y que ya había memorizado.
El cielo, antes totalmente negro ahora dejaba entrever unas cuantas estrellas que brillaban débilmente. Algo en la oscuridad del mundo había cedido ante esa calle que aún brillaba en tonos multicolor, con el sonido de risas infantiles jugando. Los niños ya no temían. Y aunque el chico seguía solo y sin poder decidir nada, por alguna razón aunque aún se sentía solo, veía el mundo diferente. Quizá el cielo no debía ser negro, pero definitivamente debía ser más oscuro que azul.
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Las calles eran iluminadas por cientos de largos hilos que colgaban por las calles como tendido eléctrico. Todo denotaba un ambiente de celebración, las decoraciones parecían navideñas con tantas luces multicolores parpadeando. Tantas, que abrir los ojos mirando directamente hacia ellas era todo un desafío. Por diversos altoparlantes, situados estratégicamente de modo que todos pudieran oír con claridad, se escuchaba alegre música en la que predominaba el acordeón como voz principal, dando un tono alegre y fino, como si se tratara de un tango o una balada francesa, un galo.
Por las calles andaban parejas abrazadas con calidez y grandes sonrisas, algunos con uno o varios pequeños que jugando alrededor corrían entre risas por las calles que habían sido cerradas para los vehículos para permitir un libre deambular de los visitantes, quienes podían detenerse en los diversos puestos de juegos o comida que habían sido instalados por las mismas personas que atendían y gritaban ofreciendo los productos o servicios que mostraban una gran dedicación y preparación para la ocasión. Ni un solo puesto mostraba precariedad por más modesta que fuera la oferta.
Todo opacaba aquél cielo oscuro, tan negro, que ni siquiera las brillantes estrellas lograban hacerse notar con su intensa luminosidad. Sin embargo, nadie notaba el extraño suceso y tampoco nada mostraba algo por lo que pudiese alguien preocuparse.
Entre toda la gente, un chico, el único que no sonreía avanzaba a paso lento. No miraba con odio o alegría. Llevaba en sus ojos una mirada y expresión neutral, aunque inquisidora, como si deseara comprar todo lo que veía, analizándolo todo en detalle, observando cada detalle. De esas personas que serían toda una amenaza para aquellos que intentan ocultar ese defecto en la piel o el agujerito en la ropa.
A su alrededor generaba una extraña sensación de amenaza y se observaba un extraño fenómeno: Los niños que corrían felices jugando con sus pares miraban con cierto temor y regresaban por donde venían o hacia sus padres. Los adultos, por otra parte, solo cruzaban arrojando una mirada de advertencia, como si detectaran innatamente una posible agresión hacia los que deseaban defender o a sí mismos.
Pero nunca falta quien es la excepción. Un niño de mirada inocente y de apariencia bastante débil se le acercó. Entonces, como solía hacer, el chico de mirada triste arrojó una ligera sonrisa buscando generar la simpatía que mostraba más naturalmente como defensa ante sus carencias y dudas, aunque sin saber el verdadero motivo por el cual lo hacía. El pequeño también le sonrío a ojos cerrados. Sin embargo, cuando cruzaron miradas, el pequeño cambió su sonrisa por una expresión de pánico y sin saber por qué golpeó al extraño chico y luego escapó, perdiéndose entre la gente.
- ¿Te has peleado con tu amigo? – Preguntó un chico de expresión alegre que apareció de la misma forma como apareció el pequeño, de entre la gente y de sorpresa.
Ante este pregunta el chico de mirada neutral comenzó su típico torbellino de ideas fugaces y respuestas inalcanzables. De alguna forma, era una defensa, pero también un problema para quién era su interlocutor quien no se sabía siquiera oído. Sin embargo, esto no parecía importarle demasiado al alegre muchacho.
- ¿No eres de muchas palabras, amigo? – Dijo notando que este título causaba una expresión de asombro que cambió la expresión neutral del chico – Bueno, supongo que puedes solucionar el problema luego, pero no tardes demasiado o podrías perderlo. Bueno, regreso con mis compañeros. ¡Diviértete! –
Tras decir esto, sacó la mano que permaneció durante todo ese rato en su bolsillo y la levantó, dando la espalda, a forma de despedida.
- Espera – Dijo a muy bajo volumen el chico volviendo a su mirada neutral. Lo cual hizo que el muchacho alegre girara la cabeza para escucharle.
- ¿Eh? ¿Necesitas algo? –
- No. Solo… - Dijo antes de caer en un silencio incomprensible.
Entonces el chico alegre se volteó completamente, avanzó lentamente hasta el chico temeroso, que ahora se veía algo nervioso, y le abrazó. El calor que transmitía era fuerte, por alguna razón generaba una sensación de protección y el chico lo sabía. Así como también sabía, por obviedad, que este chico de mirada atemorizada se sentía desprotegido.
- Yo… - Intentó decir entonces el chico abrazado.
- No es necesario decir nada en este momento, entre nosotros acaba de nacer un lazo que habrá que proteger, si tu también deseas hacerlo, claro. A ver… - El chico alegre se interrumpió, soltó al chico abrazado y metió su mano al bolsillo.
Tras indagar un poco en su bolsillo sacó un puñado de cosas, entre las que habían varias cosas bastante inútiles para la gente común: Una pequeña linterna, más pequeña que un dedo, un papel en blanco, una figurita de plástico, unas cuantas monedas y un celular. Esto hizo que del chico temeroso se escapara una pequeña risita. “Qué tipo más desordenado” fue lo que cruzó su mente. El chico alegre también dejó escapar una sonrisita mientras miraba en la pantalla de su celular.
- ¿Me das tu número de teléfono? Así podemos vernos otro día y conversar un rato para conocernos mejor. ¿Te parece una buena idea? –
El chico silencioso sacó entonces de su bolsillo su celular. Y le entregó el aparato al chico como forma de asentir. Entonces, el chico tomó el celular y comenzó a agregarse como contacto diciendo los números en voz alta. A su vez el silencioso muchacho repetía los números una y otra vez en su mente, memorizándolos. Tal acto causó, ahora, una risa en el alegre.
Entonces, sin ninguno buscar realmente hacerlo, ambos chicos cruzaron sus miradas, deteniéndose justo sobre los ojos del otro. El chico silencioso se mostró nervioso ante la situación, sabía lo que seguía y comenzó un ligero tiritar en sus manos, dejó por un instante de respirar. El chico alegre, por su parte, también dejó de respirar y se paralizó por un instante.
Un silencio incómodo llenó el ambiente, al menos esa fue la sensación en ambos. Todo desapareció entre ellos, como si todo se oscureciera dejando ante cada uno, solo la presencia del otro. Mentalmente, sin decir nada, ambos escucharon en sus mentes como si el otro preguntara: “¿Cuál es tu nombre?”. Y observaron un hilo luminoso que salía de uno, hasta conectar con el otro, un lazo entre ellos.
En un susurro ambos dijeron “estamos conectados”. Y al decirlo, todo pareció volver a la normalidad. Ninguno dijo nada, el chico alegre le devolvió el celular al chico de mirada neutral y tras poner una de sus manos en el hombro, al igual que la primera vez, levantó de espaldas una de sus manos y se alejó una vez más, pero esta vez, corriendo.
El chico de mirada neutral miro como ese nuevo amigo se alejaba a paso veloz, desapareciendo entre la gente. Y se sonrió. Bajo entonces la mirada hacia su mano. En su celular observó “Hialek :P”. Y bajo esa línea el número de teléfono del amigo que acababa de hacer y que ya había memorizado.
El cielo, antes totalmente negro ahora dejaba entrever unas cuantas estrellas que brillaban débilmente. Algo en la oscuridad del mundo había cedido ante esa calle que aún brillaba en tonos multicolor, con el sonido de risas infantiles jugando. Los niños ya no temían. Y aunque el chico seguía solo y sin poder decidir nada, por alguna razón aunque aún se sentía solo, veía el mundo diferente. Quizá el cielo no debía ser negro, pero definitivamente debía ser más oscuro que azul.
Shikai - Capitulo 4
Este capítulo me molesta mucho y creo que necesita una fuerte edición al final... y desde él, he pensado en reeditar los capítulos anteriores también. Pero como por ahora no cuento con el tiempo suficiente y he tardado mucho en sacar nuevos capítulos, postearé la versión que tengo hasta ahora y agregaré también el 5 que es una versión más definitiva.
Este capítulo muestra el lazo que hay entre Serech e Imation y revela también lo que es el líquido negro y quien podría convertirse en el antagonista de la historia. Precisamente por la importancia de este capítulo es que me sigue molestando lo flotante que está el final.
- - -
Desde lo alto del rascacielos que tapaba con su magnificencia a la luna creciente en el firmamento, una corpulenta sombra cayó generando un fuerte estruendo al llegar hasta el suelo. Aquél ser, que de ser normal habría muerto al instante, se levantó sin dificultad mirando con furia a su alrededor. Su agitada y profunda respiración era evidencia de que aquél ser acechaba a su presa.
- Deja de ocultarte vil cobarde – Gritó con dura y poderosa voz.
Frente a él, a gran velocidad cruzó una sombra que no se dejó ver. A paso rápido el corpulento ser comenzó a perseguirle revelándose ante la luz de la luna el brillo de sus perfectamente forjados puños de acero, su arma predilecta. En un cierto instante se divisó con claridad como la veloz sombra subía rápidamente por uno de los edificios corriendo por las murallas como si de pronto lo horizontal y lo vertical se hubieran invertido. Rápidamente el perseguidor reemprendió carrera tras ella clavando sus puños con fuerza brutal en la muralla para ascender hasta la azotea. Su velocidad era igualmente impresionante, entre golpe y salto casi alcanzaba a la sombra, quien se vio obligada a doblar la marcha.
Al llegar arriba la sombra le miró por un instante revelándose por un instante su silueta. Un escalofrío le recorrió la espalda al poderoso cazador cuando su presa le arrojó una mirada penetrante, como si le advirtiera que no debía perseguirle más. Por un instante el cazador se vio paralizado, dubitativo.
- Imation, no le dejes escapar – Se escuchó desde lo alto, sacando al cazador del trance.
Saltando desde una azotea superior a aquella donde cazador y presa se encontraban, un segundo perseguidor se abalanzó ante la silueta, cortando el aire con una brillante espada. La sombra reaccionó con velocidad para continuar su fuga.
- Serech, maldita sea, ¿dónde te habías metido? – Dijo Imation mientras apretaba con fuerza los puños reiniciando la marcha tras la sombra.
- He estado todo el tiempo dando soporte desde lo alto, si se te pierde de vista al menos podré seguirle yo – Dijo mientras también retomaba la marcha saltando desde una azotea a otra, casi paralelo a Imation.
Con solo una ligera sonrisa Imation dio a entender que le parecía una buena idea. Continuaron así por buen rato, saltando edificio por edificio, bajando y corriendo un instante por las calles, corriendo sobre los muros violando toda ley física. Definitivamente había en ellos algo sobrenatural. A pesar de ello, parecían abusar de tal poder. Donde fuera que su presencia cruzara por un instante, una estela de destrucción se iba creando. Irrumpían con tal fuerza, velocidad y poder, que donde ponían un pie dejaban un agujero, una grieta o un vidrio roto. La sombra en cambio, parecía tal. Era silenciosa, veloz y no dejaba una sola señal de su paso. Ambos cazadores sabían que si le perdían de vista, sería definitiva su derrota. Es por ello que sin decirlo a viva voz, ambos tenían claro que encerrarle era el objetivo y por eso la persecución era en dirección al nuevo rascacielos en construcción.
En una de las oportunidades, los cazadores se creyeron vencedores al ver que la sombra se adentraba en un callejón cerrado por un edificio tan alto, que la oscuridad dejaba vislumbrar solo las partes que no eran ensombrecidas por los edificios adyacentes. Con el espadachín cubriendo las posibilidades hacia lo alto y el poderoso gigante cubriendo la única salida era una presa fácil.
- ¡Ya te tengo! – Gritó Imation con furiosa voz, declarándose victorioso.
Justo al acabar su griterío, se arrojó sobre la sombra de un solo salto pero demasiado alto.
- ¡Idiota! Dejaste que pasara por debajo de ti – Gritó desde lo alto el espadachín.
Sin embargo, la sombra no aprovecho tal oportunidad. Solo levantó la mirada sin dejar que la luz descubriera su rostro y dejó ver el brillo de sus ojos y sonrisa justo antes de extender ambos brazos y en un movimiento lento, extendió los brazos y su cuerpo se desfragmentó atravesando de improviso la pared que le encerraba.
- ¡Bastardo! – Gritó con furia Imation, golpeando con sus puños el aire.
- ¡Estuvimos tan cerca! – Respondió con tono igualmente molesto el Serech quien resignado guardó su espada – Vámonos, ya no podemos hacer nada -.
Tras la triste escena, Serech, saltó desde lo alto junto a Imation quien, algo más calmo, encaminó por las tantas calles que hace solo un instante habían sido víctima de sus pasos. La noche, la soledad y el silencio parecían ser los únicos habitantes de aquellos lugares devastados y la oscuridad la única dispuesta a acompañarles. Parecía como si la gente, de pronto, no viviera. Ambos daban cada paso sin decir nada, dejando que el silencio rotundo de la ciudad fuera interrumpido solo por el eco de sus pasos y lo agitado de sus respiraciones y palpitaciones.
Al menos así fue hasta que un estruendo potente, una suerte de explosión, se extendió silenciosa en forma de una fuerte ráfaga de viento, seguido de una extraña luz de un color carmesí intenso, como una estela sanguinolenta en el cielo que acababa en un pequeño hilo sobre el rascacielos hacia el cual intentaban encaminar a la sombra.
- ¡Ahí está! – Gritó envuelto en ira, Imation, mientras corría con igual sentimiento hacia la enorme construcción.
- Como lo suponía, supo desde el inicio que lo intentaríamos llevar hasta el nuevo rascacielos para atraparlo –
Todo tras eso fueron jadeos por la increíble velocidad que habían retomado para llegar hasta la enorme estructura en un tiempo reducido utilizando la misma estrategia previa, un en lo alto y el otro en la tierra. Ambos temían no ser lo suficientemente rápidos como para evitar que la sombra huyera antes de alcanzarle, por eso su coordinación resultaba ser tan eficaz. Solo por un instante se perdió la calma interna que les permitía esa conexión, un instante en que la sombra les miró intensamente, transmitiendo una energía negativa tal, que un escalofrío les recorrió a ambos la espalda. Sin embargo no frenaron o redujeron marcha hasta llegar a los pies de la construcción. Serech en varios impresionantes saltos ascendió con facilidad por cada uno de los niveles de las vigas aún expuestas e Imation en su brutalidad típica de enfado subió como de costumbre, con golpes de puños en los muros.
Al situarse, en la cima, el uno frente al otro en las esquinas diagonalmente opuestas, desde el cielo la estela rojiza cayó convertida en líquido, como si se tratara de un enorme río de vino, sobre la incompleta azotea, escurriéndose por las rendijas y desbordándose por todos los lados del edificio de manera casi uniforme, como si se tratase de una enorme fuente.
Toda la oscuridad del cielo cayó como si se tratara de un trapo tapando la luz del sol, el cual desde ese instante había comenzado a iluminar la gran ciudad, transmitiendo calor sobre todo e incrementando el que los cazadores ya tenían por la enorme presión y un sentimiento de malestar febril.
Un extraño chico estaba en lugar de la extraña sombra, este extendió sus brazos tal como antes la sombra había hecho para desintegrarse y se observó cómo la gente cercana comenzaba a marearse y desmayarse.
- ¿Qué demonios está haciendo? – Gritó con su característica fuerte y grave voz.
- ¿Los está…? –
Antes de que Serech pudiera terminar su frase, cayó en el desvanecimiento no sin intentar resistirse por un instante, e Imation comenzaba a perder la visión de todo color, incluso se comenzaba a ver obligado a cerrar los ojos para atenuar un poco su malestar. Sin embargo alcanzó a percatarse del terrible suceso a su alrededor.
- La gente se está… - Una punzada en el costado de su abdomen le hizo interrumpir la frase.
- Derritiendo – Dijo con sombría voz aquella sombra que habían perseguido hace unos instantes y que hasta ahora había vuelto a aparecer de la nada tras el chico, quien ya había notado su presencia y por ello su pie estaba ya sobre la víctima de su feroz patada.
Para esas alturas, Imation ya había caído al suelo, sin embargo su orgullo y gran fortaleza evitó que perdiera la conciencia, aunque ya lo único que podía percibir eran las voces del chico y la sombra entrecortadas por el pitido que su alta presión generaba.
- ¿No te dije que me esperaras para realizar esta clase de actos? - Alegó la sombra.
Imation no podía creer lo que oía, menos al ver como se habían atacado mutuamente, ¿es que acaso estaba aliado con ese extraño chico?
- Te dije que yo podía colaborar y usar también mi poder y a los miembros de la organización si era necesario. ¿Por qué actúas tan egoístamente? Siempre precipitado, ¿no te dije que comunicarse era prioridad? –
El chico entonces bajo los brazos y luego descendió molesto hasta la azotea, se volteó para mirar con una mirada llena de odio a la sombra y entonces le dio un golpe a la altura de lo que se presumía el estómago. La sombra ignorando totalmente el ataque, el cual no le había afectado en lo absoluto, puso su mano sobre la cabeza del chico mientras avanzaba hacia el corpulento ser que Imation era.
- Vaya, hasta has hecho caer al famoso Imation, que enorme poder has desarrollado – Dijo agachándose junto a Imation para verle más de cerca.
- ¿Cómo es que sabes mi nombre? – Preguntó con gran esfuerzo Imation.
- ¡Qué sorpresa! Aún estás consciente, esa es otra gran prueba de toda la capacidad que tienes mi gran amigo –
- Jamás sería amigo de alguien como tú –
- Vaya, bien dicen que la fuerza se paga con inteligencia. Pensé que para estas alturas y tras toda la cacería ya te habías percatado – Apenas dicho esto, la sombra estalló reducidamente convirtiéndose cada indicio de su forma de sombra en plumas luminosas que le revelaron con una chaqueta de cuello alto, negra y una sonrisa que se contrastaba con ella.
La sorpresa y la debilidad fueron demasiado para Imation quien ya había perdido toda fuerza que aún le mantenía despierto. Y cayó antes de cansancio que de inconsciencia, sin duda su fuerza era legendaria, pero algo faltaba, algo que le permitiera comprender como utilizarla sin perderse en la euforia o en el exceso de confianza. ¿Cómo confiar ante tanta incertidumbre?
Este capítulo muestra el lazo que hay entre Serech e Imation y revela también lo que es el líquido negro y quien podría convertirse en el antagonista de la historia. Precisamente por la importancia de este capítulo es que me sigue molestando lo flotante que está el final.
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Desde lo alto del rascacielos que tapaba con su magnificencia a la luna creciente en el firmamento, una corpulenta sombra cayó generando un fuerte estruendo al llegar hasta el suelo. Aquél ser, que de ser normal habría muerto al instante, se levantó sin dificultad mirando con furia a su alrededor. Su agitada y profunda respiración era evidencia de que aquél ser acechaba a su presa.
- Deja de ocultarte vil cobarde – Gritó con dura y poderosa voz.
Frente a él, a gran velocidad cruzó una sombra que no se dejó ver. A paso rápido el corpulento ser comenzó a perseguirle revelándose ante la luz de la luna el brillo de sus perfectamente forjados puños de acero, su arma predilecta. En un cierto instante se divisó con claridad como la veloz sombra subía rápidamente por uno de los edificios corriendo por las murallas como si de pronto lo horizontal y lo vertical se hubieran invertido. Rápidamente el perseguidor reemprendió carrera tras ella clavando sus puños con fuerza brutal en la muralla para ascender hasta la azotea. Su velocidad era igualmente impresionante, entre golpe y salto casi alcanzaba a la sombra, quien se vio obligada a doblar la marcha.
Al llegar arriba la sombra le miró por un instante revelándose por un instante su silueta. Un escalofrío le recorrió la espalda al poderoso cazador cuando su presa le arrojó una mirada penetrante, como si le advirtiera que no debía perseguirle más. Por un instante el cazador se vio paralizado, dubitativo.
- Imation, no le dejes escapar – Se escuchó desde lo alto, sacando al cazador del trance.
Saltando desde una azotea superior a aquella donde cazador y presa se encontraban, un segundo perseguidor se abalanzó ante la silueta, cortando el aire con una brillante espada. La sombra reaccionó con velocidad para continuar su fuga.
- Serech, maldita sea, ¿dónde te habías metido? – Dijo Imation mientras apretaba con fuerza los puños reiniciando la marcha tras la sombra.
- He estado todo el tiempo dando soporte desde lo alto, si se te pierde de vista al menos podré seguirle yo – Dijo mientras también retomaba la marcha saltando desde una azotea a otra, casi paralelo a Imation.
Con solo una ligera sonrisa Imation dio a entender que le parecía una buena idea. Continuaron así por buen rato, saltando edificio por edificio, bajando y corriendo un instante por las calles, corriendo sobre los muros violando toda ley física. Definitivamente había en ellos algo sobrenatural. A pesar de ello, parecían abusar de tal poder. Donde fuera que su presencia cruzara por un instante, una estela de destrucción se iba creando. Irrumpían con tal fuerza, velocidad y poder, que donde ponían un pie dejaban un agujero, una grieta o un vidrio roto. La sombra en cambio, parecía tal. Era silenciosa, veloz y no dejaba una sola señal de su paso. Ambos cazadores sabían que si le perdían de vista, sería definitiva su derrota. Es por ello que sin decirlo a viva voz, ambos tenían claro que encerrarle era el objetivo y por eso la persecución era en dirección al nuevo rascacielos en construcción.
En una de las oportunidades, los cazadores se creyeron vencedores al ver que la sombra se adentraba en un callejón cerrado por un edificio tan alto, que la oscuridad dejaba vislumbrar solo las partes que no eran ensombrecidas por los edificios adyacentes. Con el espadachín cubriendo las posibilidades hacia lo alto y el poderoso gigante cubriendo la única salida era una presa fácil.
- ¡Ya te tengo! – Gritó Imation con furiosa voz, declarándose victorioso.
Justo al acabar su griterío, se arrojó sobre la sombra de un solo salto pero demasiado alto.
- ¡Idiota! Dejaste que pasara por debajo de ti – Gritó desde lo alto el espadachín.
Sin embargo, la sombra no aprovecho tal oportunidad. Solo levantó la mirada sin dejar que la luz descubriera su rostro y dejó ver el brillo de sus ojos y sonrisa justo antes de extender ambos brazos y en un movimiento lento, extendió los brazos y su cuerpo se desfragmentó atravesando de improviso la pared que le encerraba.
- ¡Bastardo! – Gritó con furia Imation, golpeando con sus puños el aire.
- ¡Estuvimos tan cerca! – Respondió con tono igualmente molesto el Serech quien resignado guardó su espada – Vámonos, ya no podemos hacer nada -.
Tras la triste escena, Serech, saltó desde lo alto junto a Imation quien, algo más calmo, encaminó por las tantas calles que hace solo un instante habían sido víctima de sus pasos. La noche, la soledad y el silencio parecían ser los únicos habitantes de aquellos lugares devastados y la oscuridad la única dispuesta a acompañarles. Parecía como si la gente, de pronto, no viviera. Ambos daban cada paso sin decir nada, dejando que el silencio rotundo de la ciudad fuera interrumpido solo por el eco de sus pasos y lo agitado de sus respiraciones y palpitaciones.
Al menos así fue hasta que un estruendo potente, una suerte de explosión, se extendió silenciosa en forma de una fuerte ráfaga de viento, seguido de una extraña luz de un color carmesí intenso, como una estela sanguinolenta en el cielo que acababa en un pequeño hilo sobre el rascacielos hacia el cual intentaban encaminar a la sombra.
- ¡Ahí está! – Gritó envuelto en ira, Imation, mientras corría con igual sentimiento hacia la enorme construcción.
- Como lo suponía, supo desde el inicio que lo intentaríamos llevar hasta el nuevo rascacielos para atraparlo –
Todo tras eso fueron jadeos por la increíble velocidad que habían retomado para llegar hasta la enorme estructura en un tiempo reducido utilizando la misma estrategia previa, un en lo alto y el otro en la tierra. Ambos temían no ser lo suficientemente rápidos como para evitar que la sombra huyera antes de alcanzarle, por eso su coordinación resultaba ser tan eficaz. Solo por un instante se perdió la calma interna que les permitía esa conexión, un instante en que la sombra les miró intensamente, transmitiendo una energía negativa tal, que un escalofrío les recorrió a ambos la espalda. Sin embargo no frenaron o redujeron marcha hasta llegar a los pies de la construcción. Serech en varios impresionantes saltos ascendió con facilidad por cada uno de los niveles de las vigas aún expuestas e Imation en su brutalidad típica de enfado subió como de costumbre, con golpes de puños en los muros.
Al situarse, en la cima, el uno frente al otro en las esquinas diagonalmente opuestas, desde el cielo la estela rojiza cayó convertida en líquido, como si se tratara de un enorme río de vino, sobre la incompleta azotea, escurriéndose por las rendijas y desbordándose por todos los lados del edificio de manera casi uniforme, como si se tratase de una enorme fuente.
Toda la oscuridad del cielo cayó como si se tratara de un trapo tapando la luz del sol, el cual desde ese instante había comenzado a iluminar la gran ciudad, transmitiendo calor sobre todo e incrementando el que los cazadores ya tenían por la enorme presión y un sentimiento de malestar febril.
Un extraño chico estaba en lugar de la extraña sombra, este extendió sus brazos tal como antes la sombra había hecho para desintegrarse y se observó cómo la gente cercana comenzaba a marearse y desmayarse.
- ¿Qué demonios está haciendo? – Gritó con su característica fuerte y grave voz.
- ¿Los está…? –
Antes de que Serech pudiera terminar su frase, cayó en el desvanecimiento no sin intentar resistirse por un instante, e Imation comenzaba a perder la visión de todo color, incluso se comenzaba a ver obligado a cerrar los ojos para atenuar un poco su malestar. Sin embargo alcanzó a percatarse del terrible suceso a su alrededor.
- La gente se está… - Una punzada en el costado de su abdomen le hizo interrumpir la frase.
- Derritiendo – Dijo con sombría voz aquella sombra que habían perseguido hace unos instantes y que hasta ahora había vuelto a aparecer de la nada tras el chico, quien ya había notado su presencia y por ello su pie estaba ya sobre la víctima de su feroz patada.
Para esas alturas, Imation ya había caído al suelo, sin embargo su orgullo y gran fortaleza evitó que perdiera la conciencia, aunque ya lo único que podía percibir eran las voces del chico y la sombra entrecortadas por el pitido que su alta presión generaba.
- ¿No te dije que me esperaras para realizar esta clase de actos? - Alegó la sombra.
Imation no podía creer lo que oía, menos al ver como se habían atacado mutuamente, ¿es que acaso estaba aliado con ese extraño chico?
- Te dije que yo podía colaborar y usar también mi poder y a los miembros de la organización si era necesario. ¿Por qué actúas tan egoístamente? Siempre precipitado, ¿no te dije que comunicarse era prioridad? –
El chico entonces bajo los brazos y luego descendió molesto hasta la azotea, se volteó para mirar con una mirada llena de odio a la sombra y entonces le dio un golpe a la altura de lo que se presumía el estómago. La sombra ignorando totalmente el ataque, el cual no le había afectado en lo absoluto, puso su mano sobre la cabeza del chico mientras avanzaba hacia el corpulento ser que Imation era.
- Vaya, hasta has hecho caer al famoso Imation, que enorme poder has desarrollado – Dijo agachándose junto a Imation para verle más de cerca.
- ¿Cómo es que sabes mi nombre? – Preguntó con gran esfuerzo Imation.
- ¡Qué sorpresa! Aún estás consciente, esa es otra gran prueba de toda la capacidad que tienes mi gran amigo –
- Jamás sería amigo de alguien como tú –
- Vaya, bien dicen que la fuerza se paga con inteligencia. Pensé que para estas alturas y tras toda la cacería ya te habías percatado – Apenas dicho esto, la sombra estalló reducidamente convirtiéndose cada indicio de su forma de sombra en plumas luminosas que le revelaron con una chaqueta de cuello alto, negra y una sonrisa que se contrastaba con ella.
La sorpresa y la debilidad fueron demasiado para Imation quien ya había perdido toda fuerza que aún le mantenía despierto. Y cayó antes de cansancio que de inconsciencia, sin duda su fuerza era legendaria, pero algo faltaba, algo que le permitiera comprender como utilizarla sin perderse en la euforia o en el exceso de confianza. ¿Cómo confiar ante tanta incertidumbre?
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